El camino de los migrantes

Joven que viajó indocumentado desde El Salvador recientemente cuenta las dificultades del recorrido
El camino de los migrantes
Vladimir Campos viajó recientemente de forma indocumentada desde El Salvador.
Foto: La Opinion Aurelia Ventura

Al igual que muchos migrantes que buscan un futuro mejor para sus familias, Vladimir Campos, de 26 años de edad, salió de El Salvador el pasado 3 de mayo con rumbo hacia esta ciudad donde viven sus hermanos.

Atravesó Guatemala y México, muchas veces aguantando hambre y sed, y siempre a la merced de los ladrones, pandilleros y los policías de esos países que a veces actúan igual que los mismos criminales, robando o violando, comentó.

“En el camino solo pensaba en llegar. Como adulto es un viaje muy pesado, hay que caminar mucho, a veces no hay agua o comida, se duerme en el piso o en cualquier lado rodeado de suciedad. Es muy difícil y los niños también tiene que pasar lo mismo uno pasa”, dijo Campos.

Él viajaba en un grupo de ocho inmigrantes guiados por un “coyote”, con frecuencia el grupo se hacía más grande, a veces hasta de casi 30 personas, dependiendo de otros coyotes que se encontraban en el camino.

En su grupo había una madre con dos hijos quien tenía a su cargo a dos sobrinos.

Campos está casado y es padre de una niña de 3 años y una bebé de 6 meses y al ver a esa mujer se imaginaba a su familia corriendo los mismos peligros.

“Son muchos los riegos durante el viaje, pero uno piensa que los hijos tienen un mejor futuro aquí”, dijo Campos, a quien le gustaría poder traerse a su esposa y a sus hijas.

Él se decidió a dejar su pueblo de Zacatecoluca, departamento de La Paz, cuando los mareros lo amenazaron a muerte.

Su esposa vendía tortillas y los mareros le pidieron una “renta” de 50 dólares por quincena. Campos trabajaba en una maquiladora de camisas y solo ganaba 35 dólares a la semana.

“Allá en El Salvador no hay esperanzas de una vida mejor. No hay futuro. La niñez y la juventud están perdidas… estoy entre la espada y la pared, si se quedan en El Salvador mi familia corre peligro y si me los traigo también corren peligro, pero si se vienen por lo menos tengo la esperanza de que si llegan van a estar bien en este gran país”, explicó Campos.

Su sobrina de 11 años hizo el viaje por tierra el año pasado y ahora está bien al lado de su padre. Está inscrita en una escuela y ya no corre peligro de ser violada o asesinada por las pandillas, dijo Campos.

“Sí es cierto que la niña (sobrina) sufrió durante el camino las mismas cosas que uno de adulto. Aguantó hambre, caminó mucho, pero al final ella está bien”, recapituló Campos.

Campos consiguió trabajo en Los Ángeles al día siguiente de llegar y no ha parado de trabajar.

Él confiesa que para desahogar la tristeza que siente por haber dejado a su familia, llora a veces.

“Si supiera que el presidente Obama no las va a regresar, como ha dicho que hará con los niños que llegan de Centroamérica, yo no dudaría en traérmelas (a mi familia). Las extraño tanto. Mi hija siempre me pregunta: ¿Papi, cuándo vamos a jugar?”, dijo Campos con un nudo en la garganta.