Para los migrantes deportados, solo la desolación

Si en Centroamérica el tema migratorio definiera las elecciones, estaría resuelto hace años
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Para los migrantes deportados, solo la desolación
El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina.
Foto: EFE

La deportación de niños y adolescentes indocumentados, de EEUU a Centroamérica, les devuelve a un panorama desolador. El 96 por ciento de los 52 mil retenidos en albergues, entre octubre de 2013 y mayo pasado, ya está con familiares en Estados Unidos, según autoridades estadounidenses. Sin embargo, todos ellos seguirán un proceso para determinar si serán deportados. Además, se estima que entre 10 mil y 30 mil menores más intentarán cruzar a la frontera sur del país en lo que queda de 2014.

Según el gobierno guatemalteco, la mayoría de los guatemaltecos indocumentados menores de edad(retenidos en albergues estadounidenses es de los departamentos más afectados por el terremoto de 6.4 grados (escala de Richter) del pasado 7 de julio. El sismo dejó al menos 55 mil damnificados principalmente en Sololá y San Marcos. Estos y otros departamentos, origen de los menores de edad migrantes, tienen municipios donde la pobreza abarca entre el 85 y 97 por ciento de la población.

Por aparte, el 80 por ciento de los menores migrantes hondureños en EEUU proviene de áreas rurales, según el sacerdote Mario Fumero. La deportación les devolverá a una situación de emergencia nacional por sequía e inseguridad alimentaria que el gobierno hondureño anunció en una porción de estas áreas. En Juticalpa, Olancho (región ganadera y agrícola), la Comisión Nacional de Derechos Humanos dice que muchos niños y adolescentes quedaron al cuidado de abuelos y otros familiares cuando los padres y madres emigraron. Es fácil reconocer a los hijos de los migrantes, dice una fuente de la comisión, porque los padres les envían ropa y zapatos de marca, y dinero para los estudios. Los hijos crecen pensando que su futuro está en EEUU. Son los emigrantes de mañana y al parecer también los de hoy.

El 25 de junio, The New York Times publicó una fotografía de Alejandro, un niño hondureño de 8 años de edad, que llegó solo a McAllen, Texas, (desde Honduras). Pretendía reunirse con familiares en ese estado y Maryland—según él—caminando y preguntando. No llevaba direcciones. Sólo tenía consigo su acta de nacimiento. Ahora un juez de migración decidirá si se queda o se va. Un reporte de National Public Radio indica que, este año, muchos hondureños emigraron porque ellos, o sus padres, cayeron presa de rumores falsos sobre una nueva ley de migración que supuestamente les permitiría quedarse en EEUU.

En el caso de los menores salvadoreños migrantes, el 66 por ciento dice que huyen de la violencia, según un estudio académico. Y la deportación los devolverá a eso.

Después de la deportación de 127 guatemaltecos desde Postville, Iowa, en 2008, a su aldea natal de San José Calderas, en Guatemala, ninguno encontró cambios luego de años de ausencia. Para 2011, la gente todavía se les moría en el trayecto a un hospital por falta de ambulancias. Proliferaban las enfermedades en niños y ancianos por falta de drenajes. Algunos deportados vivían en covachas de tabla y lámina, porque vendieron sus casas de cemento para pagar la deuda contraída con los coyotes para emigrar. Otros, que viajaron como menores de edad, fueron deportados como adultos, y volvieron a emigrar por falta de fuentes de empleo. Era año electoral, y quedaba claro que la aldea no era importante para los partidos políticos (incluyendo el gobernante), ni para la inversión privada.

Ya arrancaron las campañas gubernamentales para persuadir a los centroamericanos que no emigren, por el riesgo que ello implica. Están cofinanciadas por EEUU con 5 millones de dólares para Guatemala, Honduras y El Salvador. Pero, ¿funcionarán?

Los presidentes y las primeras damas reciben palmaditas al hombro por su “loable labor” de vigilar que los menores migrantes reciban tratamiento adecuado. Pero, ¿qué han hecho los gobiernos en los últimos diez años en las zonas más escuálidas de la región para que la gente no emigre? ¿Por qué hizo falta que vieran imágenes de niños y adolescentes hacinados en albergues en EE.UU. para enterarse que emigran porque sus comunidades están olvidadas? Si en Centroamérica el tema migratorio definiera las elecciones, estaría resuelto hace años.

Falta ver si los gobiernos responden ahora con sustancia a largo plazo, ya que EE.UU. dio 295 millones de dólares “para reintegrar a los emigrantes deportados a Centroamérica y ayudar a fortalecer las fronteras de la región”. Hace tres años, el anterior gobierno de Guatemala dijo que buscaría mejorar las condiciones socioeconómicas en las comunidades que generan más migrantes. Es obvio que fracasó. Ahora el presidente Otto Pérez le pide a EEUU que “invierta en la región para estimular las inversiones” (¿?). Pero, con el DR-CAFTA (firmado en 2004), quedó claro que no hay filtración de ganancias hacia los más pobres.

Aquí no existe el trickle down effect. Pero sí hay miles de migrantes porque el Estado les falló, desde el alcalde, hasta el gobernador departamental, el diputado y el presidente. Muchos migrantes, menores y adultos, serán devueltos a partir de esta semana a este panorama desolador. ¿Atenderán un llamado a quedarse de alguien en quien no creen? Y, ¿cuántos se quedarán?