Escuela de verano enriquece la mente de jóvenes en LA

Menores de edad del Sur de LA son motivados a leer, ir a la universidad y mejorar su autoestima para ayudar a su comunidad
Escuela de verano enriquece la mente de jóvenes en LA
Estudiantes de Freedom School piensan en ideas para sus proyectos de fin de escuela de verano.
Foto: La Opinión - Aurelia Ventura

Cristian Gaspar podría aprovechar sus vacaciones de verano para levantarse tarde, ver televisión, y holgazanear. Pero ha sido todo lo contrario, este muchacho de 17 años, que va en el grado 12, no duda un segundo en levantarse temprano e irse a esperar el camión que lo lleva a la escuela de verano Freedom School.

“Es mi primer campamento y ha sido increíble. Cada semana leemos un libro nuevo. Y me está ayudando a pronunciar mejor las palabras, a conocer vocabulario nuevo. Cuando me inscribí, pensé que iba a sentir pereza que no ha sido así”, cuenta entusiasmado Cristian.

Este joven es parte de un grupo de 120 muchachos latinos y afroamericanos del cuarto al doceavo grado que crecieron en el sur-centro de la Ciudad y que participan en el programa.

“Hace cuatro años comenzamos a trabajar con niños de las comunidades pobres para que tengan oportunidad de aprender a leer, y puedan triunfar, ir a la universidad y y alcanzar el éxito“, explica Aurea Montes Rodríguez, vicepresidenta del programa Crecimiento Organizacional de Community Coalition, una organización no lucrativa con sede en el Sur de Los Ángeles a cargo de la escuela.

“Nuestra meta es que los niños de las escuelas pobres se hagan líderes para que mejoren la calidad de vida de sus comunidades”, agrega.

Los menores comienzan su día con alegría, lanzándose a cantar y bailar al ritmo de canciones inspiracionales, en un festejo que llaman ‘harambee’, una expresión usada en África que llama a unirse y colaborar.

Cada mañana escuchan a un personaje de la comunidad contarles su historia, y a quien pueden hacerles preguntas. Entre los invitados tendrán al abogado de la Ciudad, Mike Feuer, al profesor Manuel Pastor de la Universidad del Sur de California, el jugador de basketbol de la NBA, Kobe Bryant, Monica García de la junta directiva del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD). Esta semana recibieron a Aisha Summers, cazadora de talentos de los estudios Warner Brothers.

“Sobre todo tratamos de invitar a personas para que hablen de carreras a las que los niños pobres no son expuestos”, observa Montes Rodríguez.

Después se dividen en grupos de siete a diez menores, y se ponen a leer en voz alta durante toda la mañana.

Durante las siete semanas que dura la escuela de verano, los niños leen siete libros, uno por semana con historias basadas en la gente de color de este país con los cuales se identifican.

“El propósito es fomentarles el amor a la lectura, pero también que cuando lean comprendan el mensaje y desarrollen un pensamiento crítico. La idea de que lean en voz alta, es porque al hacerlo alcanzan un nivel de inteligencia mayor. Y luego después de leer, hablan del tema”, detalla Montes Rodríguez.

Al frente de los grupos, están jóvenes mentores que son estudiantes universitarios que han vivido experiencias similares a los niños que asisten a la escuela, como Gabriela Hernández, quien creció en el sur de la ciudad pero que ahora estudia ingeniería civil en Cal State Northridge. “Les enseñamos lo que tenemos en común, el sacrificio que hacen sus padres, y la importancia de la unidad afroamericana y latina”, expone.

Los menores aprenden de la unidad, pero también se sienten apreciados porque los maestros les muestran que ellos les importan, agrega.

Daniel Madrigal de 17 años se presenta orgullosamente dentro de su grupo, y dice que quiere ser el primero en su familia en ir a la universidad. “La universidad de mis sueños es Berkeley”.

Al mediodía, los niños pueden disfrutar de un almuerzo que hace énfasis en las ensaladas de vegetales y frutas frescas, con el fin de abatir el crecimiento de la obesidad infantil en el Sur de la Ciudad, y la falta de opciones de comida saludable. “Quitamos dinero de otras partes para traerles comida más saludable y nutritiva”, observa Montes Rodríguez. El almuerzo no incluye sodas ni jugos, solo agua natural para beber.

“Me encanta la comida. Es muy sabrosa y saludableLos niños se acaban las ensalada y quieren repetir”, dice Armando Peña, uno de los estudiantes universitarios que ha sido alumno y que ahora participa como coordinador.

Por la tarde, la escuela pone a los muchachos en movimiento, con actividades deportivas como nadar, bailar hip -hop, yoga; y hasta les ofrecen clases de arte.

También tienen talleres de liderazgo, educación política y de consejos de cómo alcanzar la universidad, pero también de autoestima, acoso, y control del temperamento.

Los viernes, los niños salen a la comunidad, a visitar museos, universidades, la playa y hasta centros de diversión.

Lo mejor es que padres no pagan nada por la escuela Freedom School.