América Central y Gaza

La diferencia entre los niños de una región y la otra es la posibilidad de emigrar para huir de la violencia
América Central y Gaza
Mujeres palestinas con sus hijos en brazos salen de sus casas y buscan refugio durante uno de los ataques aéreos israelíes sobre la ciudad de Gaza.
Foto: EFE

Migración

Parece que no, pero hay más de una similitud entre la situación de los niños de Centroamérica y Gaza. En ambos casos, los menores sufren de pobreza y violencia sistemática. En ambos, tales condiciones se traducen en familias destruidas, muertes prematuras, desesperanza y porvenires truncados. En los dos, la lucha que se libra cotidianamente por la sobrevivencia se da en una situación de asimetría extrema, ya sea contra oligarcas locales, criminales comunes o contra poderes coloniales y neocoloniales.

Pero así como hay parecidos, también hay diferencias fundamentales, abismales, entre un sitio y otro. La diferencia que más me llama la atención, quizá por sesgo profesional, es la posibilidad que tienen unos de emigrar y que prácticamente les es negada a los otros. Los menores centroamericanos emigran o más bien escapan, al estilo de los refugiados. Es una huida y poco tiene que ver con las clásicas migraciones laborales, donde no son niños, sino adultos, los que emprenden el viaje. La migración laboral se planea e incluye objetivos que se suelen alcanzar en el mediano y largo plazo. La migración como huida está regida por la premura, por la necesidad de poner tierra de por medio para escapar de un peligro inminente. Los más pobres se suben a la Bestia, donde se juegan la vida.

Con todo y esto, sabemos que la migración de los menores refugiados centroamericanos es facilitada por coyotes y otros intermediarios. En el camino, esos coyotes pueden pasar de fungir como facilitadores a comportarse como traficantes y engañar, obstaculizar y de plano impedir la migración. Así, los clientes a los que se cobró cientos y quizá miles de dólares pasan a ser víctimas. Unos llegan y otros, no sabemos cuántos, se quedan en el trayecto.

En Gaza no hay Bestia que lleve a los chicos por un periplo de países y fronteras. Como los reportajes y las fotos nos lo han mostrado durante los últimos días, para los niños de Gaza no hay escapatoria. Los países vecinos cierran sus fronteras y los pocos cruces que existen han sido sellados o están estrictamente controlados. Ya quisieran la porosidad de la frontera entre México y Guatemala. La única frontera que tienen y que no es producto de la mano del hombre es el Mediterráneo. Pero hasta sus playas llegan las bombas. Si no los alcanza el primer obús, ya los tocará el siguiente. A diferencia de sus vecinos israelíes, los niños de Gaza no tienen sofisticados escudos anti-misiles, cortesía de Estados Unidos, ni refugios contra bombardeos aéreos. Cuando la muerte toca la puerta es para llevarse a familias enteras, a varias generaciones de un jalón.

Los niños de Gaza y Centroamérica se vuelven a parecer porque ni unos ni otros tienen verdaderos estados que los protejan, como se suponen que deben hacer los estados con sus ciudadanos. Y se vuelven a parecer porque muchos van entregando sus vidas y quedando sembrados por las selvas del istmo, la frontera del suroeste norteamericano y las playas del Mediterráneo.