Problemas con ejecución reabren debate sobre pena de muerte

Las complicaciones en la ejecución de Joseph Wood la tarde del miércoles se suman a las ocurridas este mismo año, una en Ohio y otra en Oklahoma.
Problemas con ejecución reabren debate sobre pena de muerte
La última vez que un preso fue ejecutado en California fue en enero 2006.
Foto: Archivo / La Opinión

La ejecución de Joseph Wood, un asesino de 55 años de edad, quien tardó en morir una hora y 57 minutos tras habérsele administrado la droga para matarlo la tarde del miércoles en una prisión de Phoenix Arizona, abre de nuevo el debate sobre la pena de muerte en Estados Unidos.

A solo unas horas de su muerte la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, ordenó este jueves una investigación sobre la ejecución de Wood, a quien se le aplicó una inyección letal que tenía los mismos compuestos usados en otra polémica ejecución en Ohio, hace seis meses.

También los abogados de Wood, condenado a la pena capital por los asesinatos en 1989 de su compañera y el padre de ella, demandaron una investigación externa de lo que calificaron “una ejecución terriblemente chapucera”.

Mientras tanto, a través de todo el país, los oponentes de la pena de muerte han reactivado sus llamados para que Estados Unidos ponga fin a este castigo.

También se eleva el tono de la controversia sobre la secrecía con la que los estados están actuando respecto al uso de drogas para ejecutar a prisioneros.

“Debe haber una revisión a fondo de lo que pasó aquí y del protocolo de ejecuciones en Arizona”, dijo al periódico The Guardian, Dale Baich, miembro del equipo de abogados de Wood.

Los abogados de Wood habían expresado a los tribunales estatales y federales sus preocupaciones acerca de la combinación de compuestos químicos y la negativa del Departamento de Correcciones de Arizona a dar información sobre las partidas específicas de las cuales se obtuvieron las drogas.

La pena de muerte es un castigo restablecido por el Tribunal Supremo de Justicia en 1976 y que se aplica todavía en 32 estados.

Una de las limitaciones de la pena de muerte es la Octava Enmienda de la Constitución que prohíbe “castigos crueles e inusitados”.

Las complicaciones en la ejecución de Wood la tarde del miércoles se suman a las ocurridas este mismo año, una en Ohio y otra en Oklahoma.

Funcionarios de la penitenciaría indicaron que Wood nunca sintió dolor durante la ejecución en una prisión de Phoenix, pero los abogados que representaron a Wood sostienen que tuvo problemas para respirar durante 90 minutos.

También un reportero de Arizona Republic, quien presenció la ejecución, dijo que Wood jadeó 660 veces antes de morir, cuando la ejecución debería haberse completado en unos diez minutos.

En el caso de Wood se utilizó una combinación experimental de midazolam y el narcótico hidromorfona, las mismas drogas utilizadas para matar a Dennis McGuire en Ohio en enero pasado. McGuire le tomó 26 minutos en morir y los testigos dijeron que jadeó para tomar aire y resopló fuertemente.

Midazolam, actúa como sedante y también fue usada en la ejecución realizada en abril pasado en Oklahoma, cuando quienes administraron la droga tuvieron problemas para introducirla en la vena de Clyton Lockett, quien murió finalmente de un ataque al corazón 43 minutos después.

Las polémicas sobre la pena de muerte en sí se han acentuado desde que los análisis genéticos han probado la inocencia de numerosos convictos y desde que comenzara la escasez en todo el país de tiopentato de sodio, un narcótico que formaba parte de un cóctel de tres compuestos usado en las inyecciones letales.

Esa escasez ha forzado a los Estados donde hay condenados a muerte a postergar las ejecuciones, a buscar lo poco que quede de tiopentato de sodio o a probar compuestos alternativos. Desde 1976, en Estados Unidos se ha ejecutado a 1,385 personas y hay actualmente 3,070 condenados a muerte a la espera del castigo.