Hace 30 años, LA recibió al mundo

Un día como hoy, los Juegos Olímpicos de 1984 son inaugurados en un abarrotado Memorial Coliseum
Hace 30 años, LA recibió al mundo
'Sam' la popular mascota de los Juegos 1984
Foto: authors

Fue una tarde llena de sol –como casi todas en el sur de California– y de emociones, con 140 países siendo representados dentro de un bello y deslumbrante Memorial Coliseum, y con el mundo entero mirando a la distancia en plena recta final de la Guerra Fría.

Fue, igualmente, un “parteaguas” en la historia olímpica: el fin de una era pretensiosa y algo romántica, y el principio de otra moderna y regida por las nuevos esquemas financieros.

Allí, sobre la cabecera principal del estadio inaugurado en 1923, confluyeron hace 30 años la arquitectura clásica del peristilo, los pianos, los coros, luego el memorable Rocket Man y, por supuesto, el fuego olímpico.

Los Ángeles había sido sede de los Juegos de 1932, teniendo al Coliseum como escenario central, y aunque la ciudad había tratado de repetir como sede olímpica, los Juegos no regresaban. Para 1978, tras unos Olímpicos de Montreal 1976 que fueron un desastre económico, nadie quería o podía echarse encima la responsabilidad de organizar los Juegos.

Cuando LA pidió la sede al COI no hubo competencia, así que le fueron concedidos. El reto era, en realidad, hacer los Juegos sin arruinar la economía, y ya para entonces se sabía que el gobierno, federal o local, no iba a patrocinar su organización.

El comité organizador dio un primer paso brillante: firmar un contrato de derechos de transmisión con la cadena ABC por 225 millones de dólares que aplanaron el terreno para la organización de los Juegos.

Luego, bajo el liderazgo de Peter Ueberroth, el comité organizador fue sensato al decidir utilizar la infraestructura preexistente en Los Ángeles y otras ciudades del sur de California, y sólo se construyeron dos inmuebles, en ambos casos con recursos de grandes compañías: el estadio de natación en el campus de USC patrocinado por McDonald’s, y el velódromo olímpico en el terreno que actualmente ocupa el estadio de futbol de Carson, patrocinado por 7-Eleven.

El gran legado de Los Ángeles 1984 y sus dirigentes fue convertir a los Juegos Olímpicos en una empresa privada con recursos de grandes corporaciones. El dato es sorprendente: tanto para Montreal 1976 como Moscú 1980 el total de marcas patrocinadoras o proveedoras fue superior a 150; Ueberroth y su equipo limitaron el número a 29, es decir, otorgándoles mayor exclusividad y beneficios, pero también comprometiéndolos a invertir mucho más dinero.

Todo lo anterior se tradujo en que LA 1984 pasó a la historia como los primeros Juegos que dejaron ganancias, valuadas en 223 millones.

Obviamente, aquel 28 de julio tuvo mucho de fondo, pero a final de cuentas lo que se recuerda es la fiesta de la inauguración: los colores, la música, las banderas, el juramento olímpico del gran corredor Edwin Moses, las trompetas, el tipo vestido como astronauta volando para darle a la tarde su toque “americano” y angelino, y la llegada del fuego olímpico, cuyo relevo final fue el ex decatleta Rafer Johnson, quien lo llevó por sobre la larga escalinata todavía a pleno sol, para luego encender el pebetero, previo trayecto del fuego alrededor de los cinco aros olímpicos.

Y así, tras la declaratoria del entonces presidente Ronald Reagan, Los Ángeles 1984 se hizo realidad: 6,829 atletas para participar en 221 eventos; 28,742 voluntarios y casi 10 mil representantes de los medios de comunicación.

En el reporte oficial de los Juegos de la XXIII Olimpiada, se narra, con emoción: “Y entonces, comenzó. El escalofrío de emoción todavía rebasa a aquellos que recuerdan la campana de iglesia señalar el inicio, el Rocket Man que le dio la bienvenida al mundo desde los cielos y el principio de la ‘Fanfarria Olímpica’. Fue un momento maravillosamente impactante, 88,000 espectadores dándoles la bienvenida a atletas, huéspedes y oficiales de 140 naciones con una tarjeta figurativa que transformó al Coliseum en un collage de banderas nacionales bajo los aros olímpicos. ¡Bienvenidos los atletas! ¡Bienvenidos a nuestra ciudad! ¡Bienvenidos a Estados Unidos!

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