Toñita: el alma caribeña de Williamsburg

La Boricua que trajo a la Gran Manzana un poco de la isla del encanto
Toñita: el alma caribeña de Williamsburg
Toñita posando con sus peculiares anillos de animales.
Foto: Ana María Rodríguez

Brooklyn, Nueva York- En el barrio más hipster de Brooklyn, en medio de bares y talleres de cerámica en la calle Grand, se escucha la música de los grandes salseros saliendo de un pequeño local sin nombre. Todos lo conocen como el Caribbean Social Club, un club puertorriqueño que lleva en el vecindario más de 30 años.

Su dueña, María Antonia, más conocida como Toñita, está siempre sentada en una silla de la barra observando a su clientela con una sonrisa en el rostro.

Una puertorriqueña de pocas palabras, pero con una vida llena de sorpresas, relata como fue su llegada a la Gran Manzana con una calma que contagia.

“Llegué aquí de 15 años a cuidar a unos niños, pero después la vecina me dijo de trabajar en una fábrica, donde hacía más dinero. Trabajé en el West Side, haciendo faldas por 22 años”, relata Toñita.

Luego de trabajar por tanto tiempo, decidió seguir su sueño de ser una detective privada pero la vida le tenía destinado otros planes.

Toñita recuerda que en aquel entonces, “la dueña de la casa, tenía una hija que era un poquito anormal. Yo le daba arroz y habichuelas, y de ahí la señora me dijo: tú eres muy buena conmigo y tú me vas a comprar la casa… y así pues se la compre y después me entusiasme y seguí juntando y comprando”.

Toñita en su jardín, desde donde se pueden ver dos de sus edificios y el Caribbean.

Aunque no ejerció la carrera de detective, se convirtió en una experta en instalar pisos, paredes, ventanas y demás.

“Yo hago roofs, yo pongo bloques, hago las paredes, yo hago de todo. Pintaba, yo misma ponía la carpeta y ahí no tenia que pagar, y así fue que seguí aumentando y comprando más,” recuerda Toñita.

Hoy en día, es dueña de 4 edificios, renta apartamentos a precios rebajados por que según ella sus arrendatarios “están cómodos y yo me siento cómoda también, comparado con la gente de por aquí son económicos y no me interesa subirles”.

Aparte de administrar los 4 edificios y el club, Toñita se encarga de mantener el jardín que está en frente del Caribbean. Allí ella siembra tomates, berenjenas, menta, manzanas entre otros.

“En este jardín yo tenía el club antes pero la pared de atrás se cayó y la ciudad lo mandó a demoler, y yo, con la ayuda de la organización del puente, fui a pedirle a la ciudad que me lo dieran para tener un jardín”, cuenta Toñita.

Toñita con uno de los muchos tomates frescos que recoge de su jardín.

Esta humilde mujer con un corazón tan grande, está siempre en servicio a la comunidad. Le gusta sembrar berenjenas y cocinar con el producto fresco de su jardín, pero lo que más le gusta es ver felices a los demás.

“A mi me gusta ver la gente tranquila, así como en el club que vienen, comen, bailan, juegan billar, me satisface ver a la gente así, feliz”, comenta la mujer con una sonrisa de oreja a oreja.

De pequeña, Toñita, tuvo que pasar muchas necesidades, de ahí ese sentimiento innato de siempre ayudar al que lo necesite. Ella cuenta que su familia era muy pobre, pero dice que siempre tuvo alguien quien le brindara una mano.

“Tenía las maestras que me ayudaban mucho, la del primer grado yo le fregaba los trastes por la mañana y ahí yo desayunaba, tenía mi desayuno seguro. Y tenía la de inglés, que ahí tenía el almuerzo seguro… alguien siempre me ayudó a mi, so, yo siempre ayude, y ayudo al que pueda “, señala Toñita.

Todos los domingos, ella se levanta muy temprano para ofrecer comida gratis a todos aquellos que no tienen que comer. Ofrece arroz, habichuelas y lechón y cuenta que más de 30 personas van al club a comer.

Aparte de la cocina, Toñita cuenta que no tiene hobbies pero le gusta coleccionar anillos. “Siempre busco el primer animal que encuentro, porque no me gustan los animales entonces me los pongo ahí, pero es que son curiosos y son raros, y a mi me gusta lo raro”, dice esta querida puertorriqueña.