Editorial: El ébola y el interés de las farmacéuticas

Las naciones más avanzadas deben ayudar a frenar la expansión del virus

Han muerto unas 1,500 personas este año por esta enfermedad, de los cuales 900 fueron en Guinea, Sierra Leona y Liberia.
Han muerto unas 1,500 personas este año por esta enfermedad, de los cuales 900 fueron en Guinea, Sierra Leona y Liberia.
Foto: EFE

El brote de ébola en África pone sobre el tapete los dilemas que rodean el combate global contra las enfermedades contagiosas con sus alcances y limitaciones.

El ébola fue descubierto en la década de los setentas y se estima que entre esos años y la actualidad ha causado cerca de 1,500 muertos, de los cuales 900 se produjeron este año en Guinea, Sierra Leona y Liberia.

El tratamiento realizado allí ha sido limitado hasta que un médico y una voluntaria estadounidenses se contagiaron y se utilizó en ellos una medicina nueva —la cual no había sido probada en humanos— con aparentes resultados buenos.

Esto da esperanzas y, al mismo tiempo, muestra una abismal diferencia en el tratamiento recibido por los estadounidenses y las limitadas opciones que tienen sus colegas y ayudantes africanos.

Hay un aparente esfuerzo entre la farmacéutica que produce el suero ZMapp y el gobierno estadounidense para acelerar la producción. El problema es que la medicina no ha pasado por las pruebas correspondientes para aprobar su uso. A esto se le suma el temor de organizaciones internacionales a que las farmacéuticas multinacionales vuelvan a usar a los africanos cono conejillos de indias, tal como ocurrió antes.

Estos mismos resquemores son los que han mantenido al margen a un tratamiento de transfusión de sangre que ha dado buenos resultados con el ébola.

Hay científicos que han pedido que, ante el avance de la enfermedad, sean los propios países afectados los que decidan aceptar o rechazar el ZMapp. Así los dilemas éticos se resuelven en donde está la urgencia.

En este caso es la administración de Obama la que debe permitir la producción masiva de la medicina y, junto a otras naciones más ricas, se debería ayudar a financiar el proyecto. Quedan dudas si esto puede ser posible cuando ni siquiera se ha entregado la cantidad necesaria de equipo protector e instrumentos para salvar vidas.

El ébola no es un virus de fácil contagio, así que no hay motivos de preocupación en Estados Unidos. No obstante, la importancia de nuestro país, y otras naciones industrializadas, en el área farmacéutica imponen un compromiso para aliviar el dolor en regiones y evitar la peligrosa diseminación de la enfermedad.