Muerte de un auténtico heroe

Los médicos son los que están en el frente de batalla contra el virus
Muerte de un auténtico heroe
Una mujer ora para detener el mortal virus del Ébola en Monrovia, Liberia.
Foto: EFE

Ébola

Ha muerto el médico Umar Khan, jefe de los servicios sanitarios de la lucha contra la mortal epidemia del virus del ébola en Sierra Leona. Era reconocido como el mayor experto en el conocimiento de esta afección viral. Su fallecimiento fue provocado por el virus contra el cual combatía. El contagio se produjo tan sólo hacía menos de una semana, mientras atendía a pacientes que se aferran a la mínima esperanza de sobrevivir en medio de la mortal epidemia que se va extendiendo trágicamente en el occidente de África.

Tal y como ha ocurrido con las más de 1,200 víctimas, el ataque del virus ha sido fulminante. Se trata de una enfermedad que ya presenta casos de contagiados en Liberia, Sierra Leona y Guinea. Las amenazas de extensión de la epidemia se extienden a los países limítrofes de los ya contagiados: Costa de Marfil, Mali, Senegal y Guinea-Bissau.

La noticia se ha confirmado este martes 29 de julio de 2014. Se trata de un evento que puede muy bien pasar desapercibido, así como nos son desconocidos acontecimientos aleccionadores y vitales para nuestra vida. No nos percatamos de muchos de ellos en medio del ruido diario que no nos deja percibir profundidades, con esa forma de vida nuestra, con concentrada dosis de trivialidades a las que nos acostumbramos. Frivolidades de caudal creciente, que nos saturan y nos anestesian.

Debemos de reconocerlo, estamos permanentemente inundados de información y sedientos de conocimiento. Llenos de datos por todos lados sin saber interpretarlos. Estamos conectados con todo, todo el tiempo, excepto con nosotros mismos. En lo esencial necesitamos de sabiduría. De esa sabiduría que proviene de la práctica reflexionada, que provendría de nuestra capacidad de ensimismarnos, como indica José Ortega y Gasset en su obra Ensimismamiento y Alteración (1939).

Khan y sus colaboradores son auténticos héroes. Gente que haciendo de su profesión un apostolado, cumplen cotidianamente las misiones para las cuales se han capacitado. Para ellos es normal poner la vida en juego en la primera línea de defensa contra esta enfermedad que puede causar una verdadera pandemia.

Muchas veces no creemos las cosas sino hasta que están sucediendo, o ya han cobrado su cuota de tragedias. Recuérdese que la llamada gripe española, detectada el 28 de mayo de 1918, llegó a cobrarse entre 40 y 50 millones de muertos en todo el mundo. De conformidad con especialistas, es el caso indiscutible, de la pandemia más devastadora en la historia de la humanidad.

La tragedia tiene varios factores que la hacen avanzar.

Uno de ellos es la pobreza. Aunque no se tienen datos para establecer con precisión el contraste, es innegable que otras regiones del mundo –estoy pensando en Europa, Estados Unidos, Australia Japón- tendrían mayores recursos y condiciones para hacer frente a una amenaza sanitaria como lo es el ébola.

En todo caso, la zona actual donde se concentra el ataque del virus, se encuentra enclavada, meridianamente, en la zona al sur del Sahel. Se trata de una región que desde fines de los años sesenta, ha visto como el desierto del Sahara se “ha ido corriendo” más al sur. Esto ha repercutido en procesos de desertificación de tierras que anteriormente era fértiles, en hambrunas, en migraciones masivas de población buscando tierras un tanto más productivas y agua. Todo ello no ha estado exento de problemas de límites territoriales.

Sobre esto de la pobreza es de reiterar nuevamente la friolera de datos según los cuales se evidencian las desigualdades respecto a la riqueza mundial. De conformidad con las cifras dadas a conocer por Oxfam a inicios de 2014, y para poner rápidamente algunos datos: el 1 por ciento de la población del planeta tiene el 50 por ciento de la riqueza mundial. Es más, la riqueza de 85 personas con mayor poder económico, es equivalente a la riqueza que tiene la mitad más pobre del planeta.

Y quien todavía albergue dudas sobre inequidades e injusticias, sobre la acumulación creciente de la riqueza en pocas manos, puede leer la obra El Capital en el Siglo XXI. Ella es producto de más de 10 años de investigación de Thomas Piquetty, concentradas en 700 páginas.

La muerte de Umar Khan es el símbolo de una tragedia que ahora se ensaña contra el mundo pobre del África al sur del Sahara. Khan es un héroe aunque no tenga las condecoraciones de los militares que por estos días –nos lo confirma Palestina- decididamente, se dedican a las masacres.