Así cayó “La Comandanta” Salgado en México

Hoy recluida en un penal de máxima seguridad, Nestora Salgado fue líder del movimiento indígena en Guerrero
Así cayó “La Comandanta” Salgado en México
La activista mexicoamericana Nestora Salgado durante un viaje a Seattle, en una foto del archivo familiar.
Foto: Cortesía Familia Salgado

México.- Las campanas de la iglesia repicaron y la gente acudió a la plaza presurosa al llamado fuera del horario de misa en Olinalá, un remoto poblado rural metido en la montaña del estado de Guerrero cuyas rutinas en la elaboración de artesanías se vieron interrumpidas de un día para otro por asesinatos, secuestros y extorsiones.

Los pobladores habían tolerado durante años el robo de ganado pero ver a sus parientes caer entre balas y desapariciones requería una acción extraordinaria que convocó ese 27 de octubre de 2012 una organización que se presentó como “Policía Comunitaria”.

Entre los asistentes estaba Nestora Salgado, oriunda del lugar naturalizada estadounidense, que por esos días se encontraba en el poblado huyendo de las heladas de Seattle, para escuchar el mensaje: los civiles tomarían la seguridad en sus propias manos inspirados en las leyes de usos y costumbres indígenas de municipios aledaños.

La Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), con casi 20 años de experiencia, los asesoraría.

A Nestora le gustó la idea y se convirtió al paso de los meses en la dirigente.

“A ella le nacía ser líder y nosotros necesitábamos uno”, recuerda Gustavo Patrón, uno de los integrantes del grupo comunitario.

Ordenó así patrullajes, vigilancia para cada uno de los ocho barrios, toques de queda, y detenciones contra inculpados que trasladaban a El Paraíso, uno de los centros de “justicia comunitaria” de CRAC para su “reeducación con trabajo físico”.

“Al principio, entregábamos a los delincuentes al ministerio público, pero nos daba coraje que los dejaba ir y por eso empezamos retenerlos”, recuerda Patrón.

Los comunitarios dicen que el mismo gobernador, Ángel Aguirre, era quien los animaba a tomar las riendas de la seguridad.

Afirman que les donó dos patrullas y alrededor de 25 mil dólares (en pesos) y que cuando el gobierno federal protestó por la expansión de “autodefensas” se echó para atrás.

Y de pasada, echó por delante a “la comandanta” para encarcelarla.

La Procuraduría de Justicia del Estado de Guerrero (PJEG), la institución que desarrolló el expediente contra Nestora , negó tales versiones y se declaró “representante de la parte agraviada”, es decir, de las 49 personas que hoy acusan a la mujer de secuestro.

“Ella operaba sin la mínimas reglas ni condiciones de legalidad”, señala Jorge Valdés, vocero de la PJEG a este diario.

“Oficialmente Olinalá no es una zona indígena (aunque una cuarta parte de los habitantes habla una lengua) para que pudieran hacer ese tipo de ajusticiamiento que es permitido por la ley de usos y costumbres”.

Nestora se encuentra hoy en el penal de Alta Seguridad “El Rincón” en Nayarit, aislada del resto de las reclusas en una jaula de tres metros cuadrados con retrete, regadera y cama, según describe su hija Saira Rodríguez. “Le quitaron el medicamento que toma para los dolores que sufre después de que se accidentó en carretera”.

No puede mover los brazos para peinarse ni escucha las campanas.