Napa busca la normalidad

El terremoto no solo dañó las estructuras sino también el turismo
Napa busca la normalidad
Hoteles y bodegas del valle vinícola de Napa invitan a los turistas a visitar la zona con la promesa de 'normalidad'.
Foto: EFE

Hoteles y bodegas del valle vinícola de Napa invitan a los turistas a visitar la zona con la promesa de “normalidad”, aunque los destrozos del terremoto del pasado domingo son muy visibles y los nervios entre los que lo vivieron siguen a flor de piel.

“Fue una experiencia traumática. Tengo el miedo metido en el cuerpo”, dijo a Efe Elizabeth Daglia, una vecina de la zona.

La festividad del Día del Trabajo, que en Estados Unidos se celebra el primer lunes de septiembre, es una de esas ocasiones en las que los hoteles de Napa cuelgan el cartel de repleto, pero en el hotel 3 Palms de la ciudad de Napa todavía hay habitaciones libres.

“Tengo una habitación con cama grande por 149 dólares más impuestos”, dice Ramona Newman, la recepcionista, a una persona que se interesa por el alojamiento disponible en el hotel.

El establecimiento está situado en pleno centro de un casco histórico acordonado con vallas metálicas y cubierto con restos de escombros de las cornisas de varios edificios centenarios que se desplomaron tras el temblor de magnitud 6.

El turismo es, después de la industria vinícola, la principal fuente de ingresos de Napa, y los responsables de los negocios de la zona se esfuerzan por proyectar una imagen de normalidad.

“Me ha llamado alguna gente preocupada por la posibilidad de una réplica y preguntando si era seguro venir y yo les digo que por supuesto que sí, que estamos funcionando con plena normalidad y que vengan a visitarnos”, explicó a Efe Heather Mcclintock, una empleada de la oficina turística del condado de Sonoma, contiguo a Napa.

Scott Weatherby, un vendedor de vinos del estado de Oklahoma, es uno de los turistas que, tras pensárselo dos veces, optó por mantener su reserva en Napa: “Me planteé cancelarla pero luego hablé con unos amigos y me dijeron que, siempre y cuando evitásemos el centro histórico, podríamos pasarlo bien”, explicó Weatherby, quien viajó acompañado de su mujer y una pareja de amigos.

Los Weatherby y sus amigos hablaron con Efe después de una cata de vinos en la Bodega Silver Oak, justo cuando la última luz de la tarde caía sobre los kilómetros y kilómetros de viñedos que rodean el lugar, en plena época de vendimia, y nada hacía recordar el temblor que golpeó hace tan solo unos días la localidad.

Pero no hizo falta ir muy lejos para que esa imagen se desvaneciese.

A escasa distancia de Silver Oak, en los viñedos de la familia Trefethen, un cartel advierte que la bodega está cerrada al público y las dos grandes puertas de hierro solo se abren para permitir el incesante trasiego de grúas y camiones de la construcción.

Los viñedos alojan un edificio histórico de 1886, en el que la familia Trefethen acogía a los centenares de visitantes que acudían a catar sus vinos antes del temblor y que amenaza con venirse abajo tras los daños del pasado fin de semana.

Expertos en vitucultura como el profesor James Lapsley, de la Universidad de California en Davis, dicen que el edificio es “un tesoro”, una obra que destaca entre las diseñadas por Hamdem McIntyre por estar construido en madera, en lugar de piedra.

La fragilidad que ha sacado a la luz el terremoto hace que algunos viticultores de Napa se planteen reforzar las estructuras de sus bodegas para hacerlas resistentes a posibles seísmos.

“Estamos considerando hacer cambios en el sistema de almacenamiento de los barriles”, explicó a Efe Andrew Brooks, director de las operaciones diarias de los viñedos Bouchaine y quien se apresuró a visitar la bodega la madrugada del domingo tras comprobar que su familia estaba bien.

“Me encontré con 250 barriles en el suelo, aunque solo 80 estaban llenos y en total solo perdimos unos 30”, dijo Brooks, quien asegura que el momento del temblor fue bastante oportuno.

“Fenómenos como estos nunca son bienvenidos, claro, pero dentro de lo que cabe ocurrió en el mejor momento posible, justo cuando habíamos embotellado ya nuestro vino y lo teníamos almacenado fuera de aquí y antes de comenzar la vendimia esta semana”, afirmó.

Ajenos a todo peligro, Inga Spath y su exmarido, Leon, dijeron estar listos para un fin de semana romántico rociado con cabernet y tras el que podrían considerar volver a casarse.

“No nos da nada de miedo estar aquí y estamos listos para un fin de semana maravilloso en este enclave idílico”, dijo Spath.