Problema que no deja dormir

Muchas personas creen que el horario escolar no debe ser ajustado para el ritmo circadiano de los adolescentes
Problema que no deja dormir
Muchos niños están abrumados con actividades extracurriculares de solicitudes de ingreso a universidades —o trabajos que ayudan a mantener a la familia – y se quedan levantados hasta tarde haciendo tareas o ayudando en el hogar.
Foto: EFE

Muchos adultos se inclinan por descartar investigaciones científicas sobre la mente del adolescente. Quizás se hicieron adultos durante una época en que se esperaba que los niños, especialmente los adolescentes, se comportaran como un pequeño adulto.

Durante años la comunidad científica ha dejado en claro que el cerebro de los niños y jóvenes hasta los veintitantos sufre cambios físicos y químicos que pueden resultar en comportamientos de alto riesgo, vulnerabilidad a la adicción y enfermedades mentales. Aun así, algunos adultos se mofan de la noción de que los adolescentes no tienen el control completo sobre sus acciones.

Un malentendido similar sobre el cerebro de los niños es centro del debate cada vez más enérgico sobre un horario de comienzo más temprano para las escuelas.

Pese a que legiones de médicos, científicos y padres están de acuerdo que el ritmo circadiano de los adolescentes da trabajo para dormirse a la noche y también para despertarse temprano en la mañana, muchas personas creen que el horario escolar no debe ser ajustado a estas necesidades físicas.

Tomen en cuenta esta opinión hallada en un hilo de conversación en debate.org sobre el horario de comienzo escolar: “Los niños en la escuela no necesitan aprender que el día comienza cuando están listos para ello, eso promueve la pereza. Necesitan aprender que uno debe estar listo para empezar temprano en la mañana si va a funcionar en este mundo”.

Admito que mucho antes de ser madre de adolescentes, yo también creía que había algo de verdad sobre esta noción de que uno no debería consentir a niños con personalidad de tipo B porque en nuestro lugar de trabajo global y siempre listo, son los jóvenes de personalidad de tipo A los que tienen una mejor posibilidad de éxito.

Pero la ciencia presenta un argumento convincente en contra de la mera responsabilidad personal de levantarse temprano. La Asociación de Pediatría de Estados Unidos (AAP) acaba de publicar una declaración de políticas que pide a las escuelas secundarias y preparatorias que cambien sus horarios para acomodar la biología de los adolescentes.

“Dormir suficiente todas las noches puede ser difícil para los adolescentes cuyo ciclo de sueño hace que sea difícil para ellos dormirse antes de las once de la noche — y que tienen su primera clase a las siete y media de la mañana o más temprano al día siguiente”, dice la AAP, que menciona que el ritmo de sueño de los adolescentes puede variar hasta dos horas más tarde al comienzo de la pubertad.

“La pérdida crónica de sueño en niños y adolescentes es uno de los problemas de sanidad pública más comunes –—más fáciles de corregir- hoy en los Estados Unidos”, señala la pediatra Judith Owens, principal autora de la declaración de políticas.

La AAP cita investigaciones que muestran que los niños que no duermen lo suficiente están en riesgo de tener sobrepeso y sufrir depresión. Los que descansan adecuadamente tienen menores probabilidades de “estar involucrados en un accidente de auto, obtienen mejores calificaciones, puntajes más altos de pruebas estandarizadas y una mejor calidad de vida en general”.

También es verdad que la escuela no es la única culpable en la guerra del sueño.

Una encuesta de la Fundación Nacional del Sueño halló que 59% de los estudiantes de entre sexto y octavo grado y 87% de los estudiantes de preparatoria en los Estados Unidos duermen menos de las 8.5 a 9.5 horas de sueño recomendadas en las noches de escuela, haciendo que la falta de sueño se vuelva crónica y que su somnolencia sea patológica.

¿Pero cuánto de esta falta de sueño se debe a que muchos de estos niños tienen teléfonos inteligentes con acceso a mensajes de texto, videos y correo electrónico que vibran, hacen bip y suenan hasta bien entrada la noche? Ajustar el horario de la escuela no curará esto.

Igual, me da pena.

Cuando los niños son pequeños, se levantan a la madrugada listos para jugar, correr y aprender. Los padres faltos de sueño juran que los van a privar del sueño matutino algún día. Sé que yo lo hice.

Pero hoy muchos niños están abrumados con actividades extracurriculares de solicitudes de ingreso a universidades —o trabajos que ayudan a mantener a la familia – y se quedan levantados hasta tarde haciendo tareas o ayudando en el hogar. Si se levantan obedientemente a las seis de la mañana, como lo hacen los míos, uno se debe preguntar cómo se sentirían los adultos si todos los horarios de trabajo comenzaran a las siete de la mañana.

Hay muchas razones para dejar el horario escolar como está: los trabajos de los padres, los horarios de deportes y los compromisos laborales después de la escuela. Pero no nos opongamos al cambio de horario simplemente basándonos en la débil presunción de que hacer que las mañanas sean más fáciles ocasionará pereza o le enseñará a alguien a ser más laxo en sus responsabilidades de adulto.

Dejen que los niños duerman.