Un problema antiguo

Se registra que ya a mediados de 1920 vivían en los Estados Unidos al menos 1,400,000 extranjeros sin estatus lega
Un problema antiguo
La inmigración ilegal es mala, casi tan mala como mantener a millones de personas en un limbo migratorio por la falta de deseo de buscar una solución razonable a un problema.
Foto: EFE

En la página electrónica del diario, el señor Adrián Espejo escribe un largo y muy sesudo comentario en relación a mi columna anterior en la que señalé que de acuerdo a los records del servicio de inmigración y del diario New York Times hay clara evidencia de que la inmigración ilegal no es un fenómeno nuevo, y que de hecho se registra que ya a mediados de 1920 vivían en los Estados Unidos al menos 1,400,000 extranjeros sin estatus legal que fueron después amnistiados por los gobiernos de turno. La apreciación central del comentario del señor Espejo es que con mi arulo estoy tratando de justificar lo injustificable, y aunque no lo dice expresamente, se refiere al hecho de que estoy tratando de justificar la inmigración ilegal. Jamás fue esa mi intención. Mi deseo fue puntualizar que el problema de la inmigración ilegal es tan antiguo como las primeras leyes migratorias que se dictaron y que ya en el pasado se lo resolvió con posturas moderadas y no con la posición intransigente de que el único camino son las deportaciones masivas.

Lo primero que debo comentar para aclarar la percepción del señor Espejo es que no estoy de acuerdo ni justifico la inmigración ilegal. El primer problema de la inmigración ilegal es muy obvio, viola las leyes de los EE.UU. El segundo problema es que crea un mercado ilícito que maneja millones de dólares, que está vinculado a otros delitos como el tráfico de drogas y la trata de blancas. El tercer problema que me inquieta es que ingresan al país en su mayoría gente que sólo llega con la intención de trabajar, pero en ese caos que crea, se cuelan criminales de poca monta y otros de alta peligrosidad relacionados inclusive con el terrorismo internacional. Y por último, reduce al ser humano en algunos casos a la humillación de tener que ingresar a escondidas y en otros hasta a la circunstancia de perder la vida en el intento.

El señor Espejo comenta además que sus padres llegaron en 1965 de manera legal. Y con esto arribo a otro aspecto interesante en el debate migratorio que me hace preguntarme: ¿Cuántos de los millones de inmigrantes que vinieron en el pasado serían admisibles con las leyes actuales? Casi en la misma época en la que llegaron los padres del señor Espejo, llegaron familiares míos y de mi esposa, por eso sé con certeza que no había la cantidad de impedimentos y filtros que hacen que hoy por hoy sea prácticamente imposible presentarse en una oficina consular y salir con una visa en la mano. Lo sé, son las leyes y realidades actuales, insisto, no trato de justificar la inmigración ilegal, sólo intento ponerla dentro del contexto de la realidad actual.

La inmigración ilegal es mala, casi tan mala como mantener a millones de personas en un limbo migratorio por la falta de deseo de buscar una solución razonable a un problema cuya única otra alternativa sería una expulsión masiva que por factores económicos, sociológicos y morales sería una tragedia para los Estados Unidos.