Obama y Francisco

Obama no es presidente de la esperanza sino un político típico
Obama y Francisco
El presidente de Estados Unidos Barack Obama.
Foto: EFE

Migración

Mis colegas de las páginas de opinión de este diario ya han comentado y analizado con detalle la decisión del Presidente Barack Obama de posponer cualquier acción ejecutiva para aliviar la situación de los inmigrantes indocumentados hasta después de las elecciones de noviembre. La razón: no complicar más la situación de los candidatos demócratas al Senado de cara a la coyuntura electoral. La excusa esgrimida por el presidente: que la crisis de los menores migrantes centroamericanos cambió la ecuación política del momento. El trasfondo: la elección de noviembre es un referéndum sobre el segundo período del presidente y, en especial, sobre la accidentada implementación de la ley de salud. Y por eso, los demócratas corren el riesgo de perder el control del Senado.

¿Lo sospeché desde un principio (como decía el Chapulín Colorado)? Por ahí de principios de julio, cuando Obama anunció que haría uso de la acción ejecutiva en el tema migratorio, escribí en estas páginas que antes de tomar cualquier decisión el presidente evaluaría los posibles costos políticos para su partido. Y así fue.

La decisión del presidente no sigue principios morales o ideológicos. Tampoco sugiero que el mandatario como individuo carezca de ellos. La determinación que tomó se explica a partir de lo que el sociólogo alemán Max Weber llamó la ética política. Según Weber, el político actúa sobre la base de una ética de la responsabilidad, la cual está centrada las consecuencias de sus acciones. Al político no le importa pactar con el diablo o, como en el caso de Obama, justificar sus decisiones con argumentos moralmente dudosos o santificar los medios usados para lograr fines meramente electorales.

Ese es y ha sido Barack Obama: no el presidente de la esperanza, como la propaganda de su primera campaña lo pregonaba, sino el político típico que vio beneficios electorales en otorgarla protección temporal a los jóvenes indocumentados en la campaña del 2012 y que ahora observa riesgos en extender esa protección al resto de los inmigrantes irregulares. Al menos de ahora a hasta fin de año. Por supuesto que siguiendo esta lógica, la decisión de Obama seguirá estando sujeta a la dirección de los vientos en el Congreso, en su partido y en otros ámbitos políticos. Sobre aviso, no hay engaño.

Si al lector ya se le revolvió el estómago, le ofrezco un bálsamo: la historia de Francisco López Flores, quien está por concluir sus estudios universitarios en UCLA. Traído al país a los cinco años de edad, Francisco es una de millones de personas que están donde no deberían estar; que tienen logros y contribuciones a una sociedad cuyo gobierno les da una constante violencia legal. Su país de origen, México, tampoco está como para lavarse las manos, ya que poco ha sabido hacer con jóvenes como Francisco, su energía y su talento. Mi conclusión es sencilla: la esperanza no está en Obama, sino en Francisco. (Más sobre la historia y la vida de Francisco en: http://goo.gl/kVVUBo)