Un deportado en el laberinto mexicano

Adaptarse no es fácil; menos mantener a la familia con $300 al mes
Un deportado en el laberinto mexicano
hijos cesar cordova
Foto: authors

MÉXICO.— A César Córdova lo han repatriado cinco veces desde EEUU. No es que no quiera vivir en México, al contrario, ha hecho de todo “para sobrevivir”: gastar sus ahorros en negocios que no prosperan, trabajar como conserje, como guardia de seguridad o chofer y, al final de cuentas, el dinero no alcanza.

Durante 12 años vivió en el estado de Tennesse, antes de ser deportado. Ahora vive en Chalco, una región conurbada del Distrito Federal, trabaja hasta 12 horas al día por un pago semanal de unos 80 dólares, sin prestaciones sociales, sin seguro médico. “Aquí también soy un trabajador informal”.

Gael, su hijo de 11 años que es ciudadano estadounidense, se adapta a lo que venga a pesar de que en la escuela muchas veces no entiende las lecciones de matemáticas, algunas palabras de español ni el inglés mal hablado en la clase. Sus otros cuatro hermanos se acomodan a su suerte con la mejor actitud. El mayor, de 16 años, no pudo inscribirse a la preparatoria por revalidación de materias y mientras se regulariza su situación, estudia un curso de gastronomía para especializarse en cocina mexicana.

“La única tranquilidad que tengo en medio de todos los problemas económicos es que mis hijos no reprochan nada, ni extrañan mucho”, dice desde la cocina Norma Hurtado, madre de los chicos, quien vende “lunches” en las escuelas para ayudar a la economía familiar. “El salario de él (unos 300 dólares mensuales) lo invertimos aquí y así incrementamos un poco el dinero”.

El calvario de la familia comenzó en 2011 cuando las leyes migratorias de la ciudad de Knoxville se endurecían cada día con retenes policiacos contra indocumentados. Eso los llevó a regresar una y otra vez a la frontera para intentar cruzar sin éxito como indocumentados por Texas con la ayuda económica de los padres de César que aún viven en EEUU. Ella cuatro veces, él cinco.

La primera vez el pollero los timó y los abandonó en Nuevo Laredo, una ciudad en el mexicano estado de Tamaulipas,. La ciudad que se encuentra a orillas del Río Grande. La segunda vez los detuvo la Patrulla Fronteriza apenas cruzaron el Río cerca de Reynosa, ciudad fronteriza al norte de Tamaulipas, localizada al sureste del Río Grande, justo frente a Hidalgo, Texas; luego fue en el monte, iba el padre solo. “Por reincidir estuve casi cuatro meses detenido”, detalla César. Otro largo y agotador día le espera lejos de donde quisiera estar.