Una vida a puro tijeretazo

Un peluquero se ha convertido en uno de los personajes favoritos de Boyle Heights
Una vida a puro tijeretazo
José Cisneros lleva 23 años cortando los cabellos a sus clientes.
Foto: La opiniónAraceli Martínez

@AraceliMartinez

A José Cisneros no se le ven las manos mientras pasa la máquina cortadora de pelo por la cabeza de Omar Javier, de 6 años.

El menor ha sido su cliente desde que tenía 6 meses.

En pocos minutos, este peluquero que lleva 23 años en Boyle Heights, deja listo a Omar Javier con un corte de casquillo, estilo militar.

“Es duro encontrar a alguien que le guste a uno como le corta el pelo”, comenta José Javier, padre del pequeño.

Desde el mecánico de la esquina hasta familias completas llegan a cortarse el cabello con José en su negocio Maya Barber al este de la calle Primera, a dos cuadras del ayuntamiento de Boyle Heights.

Este inmigrante mexicano heredó el oficio de su madre Eva de la Torre, quien por muchos años mantuvo el negocio como salón de belleza.

Pero al retirarse hace 23 años, le cedió el negocio a su hijo José. Este lo transformó en peluquería.

“Casi la mayoría de los clientes ya no se hacen la barba, vienen más que nada a cortarse el pelo, y solo los chavalos, piden la barba estilo candado”, explica.

José Cisneros le dedica más de doce horas al día a su negocio. “Esta es mi casa. Aquí estoy desde las 8:30 de la mañana hasta 8 de la noche”, dice sin levantar la vista a la cortadora de pelo.

“Si uno quiere hacer buen trabajo no puede beber ni fumar. Yo no lo hago porque se pierde la destreza”, observa.

En medio de la jornada, hay tiempo para la convivencia.

“Lo que más disfruto es que puedo conocer mucha gente. Algunos han sido mis clientes desde niños y los he visto crecer”, comenta.

Y en sus 23 años como peluquero, no le han faltado las anécdotas graciosas como cuando comenzó y no tenía suficiente pericia.

“Trasquilé a un ‘compa’. Lo que hice fue que no le puse el espejo para que no viera como lo dejé de atrás. Nunca volvió”, dice sonriendo mientras al menos cuatro clientes esperan impacientes pasar por sus tijeras