Entre dos tierras: la familia y la pandilla

Llevarse a los hijos sin el consentimiento de uno de los padres es considerado abuso infantil
Entre dos tierras: la familia y la pandilla
Los tatuajes son parte del atuendo de muchos pandilleros.
Foto: J. Emilio Flores

@yorshmore

Paul Carrillo nació y creció en el peligroso y marginado barrio de Watts, en Sur de Los Ángeles, cerca de un complejo de vivienda pública donde desde los 8 años de edad se formó como pandillero.

Su papá era pandillero, tenía problemas de adicción a las drogas y se la pasaba peleando con su mamá.

“Mientras que en la casa mis papás me pegaban y me hablaban mal, en la calle estaban los pandilleros con muchachas, fiestas y drogas, ellos me daban la mano y de comer”, dijo Carrillo, director de un programa del Saint Francis Medical Center para ayudar a los jóvenes que están en pandillas a que consigan trabajo, que continúen con su educación y para que les remuevan los tatuajes.

“Cuando los balean y llegan aquí al hospital es el momento de hacerles reflexionar lo que están haciendo con su vida”, mencionó. “También trabajamos en las calles buscando pandilleros y darles la opción de que si quieren cambiar su vida”.

En todo el país son más de 203 mil los raptos de niños que se comenten, es decir, casi 560 diarios.