Piden… imploran… por la batalla del ácido úrico

Piden… imploran… por la batalla del ácido úrico
Foto: Getty Images

A Manny Pacquiao le queda su don de gentes y su legado de batallador feroz en los cuadriláteros. También su honradez.

A Floyd Mayweather Jr. le quedan rasgos de su enorme talento y su capacidad infinita para manipular, hasta la misma mugre, el entorno de sus combates.

Usted y yo podemos no estar de acuerdo en todo, pero sí en lo esencial. Son los dos boxeadores más mediáticos y generadores de grandes negocios en al menos una década.

Baste decir que en lo más crudo de la crisis económica, la sola aparición del nombre de esos dos colosos en lo alto de las carteleras, era ya un dinamizador de la economía en Las Vegas.

Fluían chorros de dinero para ventas ambulantes, bares, restaurantes, taxis, putas, proxenetas, hoteles y un etcétera larguísimo.

Entonces con la motivación a tope, todos en la familia del boxeo pedimos a Oscar De la Hoya y a Bob Arum que depusieran sus diferencias para que hicieran la pelea que todos queríamos ver. Dos boxeadores espectaculares en su mejor momento. Pacquiao tendría 29 años y Mayweather 33. Algo así.

Y no fue posible porque Oscar y Bob, [GBP y Top Rank] se odiaban tanto que no se arreglaban ni con cientos de millones de por medio. Luego surgió el pleito de Oscar con Richard Schaefer y el odio de éste por Arum y… ahora, ya pasado el tiempo hablan, en los entretelones, de hacer la pelea.

Se olvidan los popes del boxeo mundial que la gente tiene memoria (aunque corta, dicen) y que cuando debían haber hecho el esfuerzo para hacer la gran pelea, nos la negaron, porque pensaron en el negocio y no en el boxeo.

Qué bueno que fueron posibles Leonard-Durán; Hearns-Haggler o Barrera-Morales. Qué bueno que vimos Ali-Frazier, Argüello- Escalera y Gatti – Micky Ward. Porque de Pacquiao y Mayweather Jr. nos pueden dar las sobras. Y aún dudo de eso.

Es medio descarado que el cálculo frío de los mercaderes encuentre viable la pelea de dos figuras gastadas, de los que cada día se habla del retiro. Asume uno que piensan poco en dejarle algo al boxeo y en cambio llevar más a sus cuentas bancarias. No es la urgencia de un evento deportivo magnífico, que ya no fue posible, sino el alarido de las calculadoras en la mesa de noche de “Pacman” y “Moneyman”, para saber cuántos millones más le sacamos del bolsillo a los incautos.

No y no. Hay muchos, en serio muchos, que ya no queremos la pelea de las sobras. El “mega combate” de lo que les queda en el tanque. No queremos las sobras de la cena pantagruélica que pudo ser, para que nos den un sanduchito de queso con jamón. No queremos a la vedette panzona de tetas (sic.) gordas cuando pudieron darnos a la diva sensual en su mejor momento.

Eso aunque haya algunos que claman por la “pelea del milenio” que es como llaman a algo que debe llamarse a la “batalla del ácido úrico”.