Cómo saber si tu hijo tiene cáncer

Piden a los padres usar su "sexto sentido" para reconocer las señales de esta enfermedad
Cómo saber si tu hijo tiene cáncer
Se estima que uno de cada 330 niños en EEUU tendrá cáncer antes de cumplir los 19 años.
Foto: shutterstock

Merrianne Castillo y su esposo Héctor vivieron, en carne propia, la peor pesadilla que un padre pueda experimentar en la vida.

Cuando su hijo Héctor tenía tan sólo 15 años, fue diagnosticado con Ewing Sarcoma, una rara forma de cáncer en los huesos, por lo que fue necesario amputarle parte de una pierna.

“Cuando comenzó con los síntomas no teníamos idea de lo que estaba pasando. Aparte de tener gripe común y alergias, él siempre había sido un niño muy sano. Por ello nunca pensamos en cáncer; eso nunca estuvo en nuestra mente”, comenta la señora Castillo.

El de esta familia no es un caso aislado. Cada año, en Estados Unidos, 13,400 niños menores de 19 años son diagnosticados con cáncer. De ellos, 1,900 mueren por la enfermedad. De hecho, según aseguran expertos, el cáncer infantil mata más niños en este país que el sida, el asma, la diabetes y anomalías congénitas en conjunto.

Según indica el doctor Ricardo Flores, pediatra oncólogo del Texas Children’s Hospital —uno de los centros pediátricos más grandes del país— el cáncer es la segunda causa de muerte entre niños de 5 a 14 años, luego de accidentes.

El especialista explica que en el caso de los niños, no existe una causa específica por la cual un menor desarrolla cáncer. Sin embargo, se cree que se debe a “errores” en sus genes.

“En los adultos mayores el cáncer casi siempre está relacionado a factores externos y del medio ambiente, como el cigarrillo, la luz del sol y el alcohol, pero en los niños son mutaciones que surgen en sus genes al azar. Esto causa que las células crezcan sin control y se conviertan en cáncer”, detalla Flores.

Los tipos de cáncer más comunes en los niños son la leucemia, los tumores del cerebro, el linfoma (cáncer de los nódulos linfáticos), tumores de tejidos blandos como músculos y tumores de huesos como el osteosarcoma.

De acuerdo con lo informado por el doctor Flores, el mayor problema con el cáncer infantil es que no presenta síntomas específicos, por lo que se hace muy difícil su diagnóstico.

“En la gran mayoría de las veces se presenta con fiebre recurrente, palidez, dolor en los huesos, cansancio, cambios en el comportamiento, sangrado o moretones, así como masas o nódulos que se notan en el cuerpo”, aclara el oncólogo.

“A muchas familias las toma por sorpresa, porque como son síntomas generales, casi siempre lo relacionan con alguna otra enfermedad, como una infección o una gripe. Esto hace que un diagnóstico correcto se haga demasiado tarde”, explica el galeno.

Para reconocer a tiempo esos síntomas, el pediatra recomienda a los padres que “usen su sexto sentido” porque, asegura, son ellos los que mejor conocen a sus hijos.

“Si el niño lleva mucho tiempo enfermo, y aunque le den medicinas, antibióticos u otros tratamientos no mejora, o si está actuando de forma extraña, que busquen ayuda médica. Deben hacerle estudios más a fondo, porque puede tratarse de algo más serio”, sugiere el especialista.

El oncólogo recuerda que mientras más tarde se haga el diagnóstico, más difícil será el tratamiento y, quizás, ya no se pueda curar. “Por eso estamos enfatizando la importancia del diagnóstico temprano, porque la supervivencia del niño aumenta en un 80%”.

La terapia convencional para el cáncer infantil depende del tipo específico que sea, pero en general incluye tres modalidades: la quimioterapia, la cirugía y la radioterapia.

A pesar de lo que muchos creen, en la mayoría de los casos, los niños que padecen cáncer no poseen ningún antecedente hereditario de esta enfermedad que los predispongan a desarrollarla.

Además, al tratarse de un “error genético”, que altera las células de forma imprevista, el cáncer infantil no se puede prevenir o predecir.

Ese fue el caso de Héctor Castillo cuando le descubrieron un tumor en el pie a los 15 años.

“Mi hijo tenía ‘una bola’ en el talón derecho. Estaba muy grande e inflamado, y debido al intenso dolor, casi no podía caminar”, recuerda Merrianne Castillo.

“Los médicos no sabían la causa de por qué estaba sufriendo eso. Aparentemente lo tenía por varios años y nunca supimos hasta que comenzó a tener mucho dolor”, dice Castillo.

Al principio, su pediatra pensó que se trataba de un espolón calcáneo (un crecimiento óseo que aparece en el talón), pero exámenes más especializados y rayos X, descubrieron posteriormente que se trataba de cáncer en el hueso.

Si bien el niño fue tratado con quimioterapia por varios meses, y existía la opción de recibir radiación, los doctores optaron por amputarle la pierna porque había un 55% de posibilidades de que el cáncer regresara de forma más agresiva.

“Cuando lo diagnosticaron, el cáncer ya era avanzado y estaba a punto de esparcirse por su pierna, por eso se la cortaron de la rodilla hacia abajo. Esto es una de las cosas más fuertes por la que uno como padre puede pasar”, añade Castillo.

Hoy, con 16 años, Héctor se encuentra ya recuperado del cáncer y, a pesar que usa una prótesis para caminar, lleva una vida normal como cualquier otro joven que cursa el décimo grado de escuela secundaria.

  • Masa abdominal.
  • Fiebre prolongada sin causa aparente.
  • Palidez.
  • Cansancio o pérdida de peso.
  • Dolores de cabeza frecuentes acompañados de vómito.
  • Moretones y puntos rojos.
  • Sangrado anormal.
  • Pérdida de equilibrio.
  • Cambios de comportamiento.
  • Un reflejo de luz blanca en la pupila de uno o ambos ojos.
  • Leucemia.
  • Tumores cerebrales.
  • Linfoma.
  • Sarcoma del tejido blando.
  • Osteosarcoma.

13,400 niños menos de 18 años son diagnosticados con cáncer en EEUU cada año.

1,900 mueren anualmente por la enfermedad.

160 mil nuevos casos de cáncer infantil se detectaron en el mundo en 2012.

90 mil niños fallecieron porque no recibieron el tratamiento adecuado.

70% de los cánceres infantiles son curables si se detectan a tiempo.

Mas información en www.clean2cure.com.