El negocio de los migrantes controlado por ‘la mafia’

En el climax migratorio de 2005 Altar, Sonora llegó a tener 15 hoteles y 100 casas de huéspedes

Un mural en un de las calles de Altar, da cuenta de lo que pasan los inmigrantes que quiren cruzar a EEUU. thelma.
Un mural en un de las calles de Altar, da cuenta de lo que pasan los inmigrantes que quiren cruzar a EEUU. thelma.
Foto: Thelma Gomez

Vivir de los Migrantes

El padre Prisciliano Peraza es famoso dentro y fuera de Altar, Sonora, sobre todo por su trabajo como director del CCAMYN. No habla ni se mira como un sacerdote, parece más un ganadero: usa pantalones de mezclilla, camisas, sombrero y lentes Ray-Ban.

Cuando camina por el pueblo va saludando a comerciantes, mujeres y niños.

Siempre que llega un periodista, el padre Prisciliano realiza el mismo recorrido. Como si se tratara de un paseo turístico, lleva a los visitantes a conocer algunas casas de huéspedes (donde las camas son largas literas y los colchones, un tablón), a la farmacia que vende inyecciones anticonceptivas para las migrantes (medida preventiva, en caso de una violación), a las tiendas donde se exhiben los galones negros y a los puestos callejeros donde se encuentran a la venta las pantuflas con suela de alfombra.

Entre 2005 y 2006, “cuando se dio el clímax de la migración”, —cuenta el padre Prisiciliano— Altar llegó a tener más de 15 hoteles y más de 100 casas de huéspedes.

Ahora, asegura, sólo funcionan alrededor de 50 casas. Las cifras de la presidencia municipal impactan: en 2010, Altar tenía un flujo diario de 13 mil migrantes. La cifra se desplomó en lo que va de 2014: todos los días pasan 124.

El padre Prisciliano nació en estas tierras del norte, es franco y directo.

” Lo que pasa ahora es que, en Altar, el negocio de la migración está controlado totalmente por la mafia”, dice.

Cuando fue el “clímax de la migración en Altar”, los migrantes que llegaban a esta comunidad pagaban entre 500 y 600 pesos a los polleros que los “enganchaban” en la plaza. Después, el costó subió a 100 dólares, “así se estabilizó como cuatro años”, hasta que mataron “al jefe de la zona”.

Los habitantes de Altar saben muy bien cuándo cambió de manos el negocio de la migración en estas tierras. Fue a principios del 2013, después de que mataron a uno de los líderes del Cartel de Sinaloa.

“Cuando mataron a ese señor” —cuentan en Altar—, la frontera se cerró, nadie podía cruzar; tampoco se podía entrar ni salir de la comunidad. Sacaron a todas las personas de las casas de huéspedes. La tensión se apoderó del lugar durante más de una semana, hasta que llegaron otros “jefes” y se definieron las nuevas reglas del negocio. Se estableció, por ejemplo, aumentar la tarifa para cruzar por esta frontera: los migrantes mexicanos tienen que pagar entre 600 y 800 dólares; para los centroamericanos la cuota es más alta: entre mil y 1,500 dólares, por eso los llaman ‘los finos'”. Además a todos los migrantes que entran y salen de Altar deben pagar 100 dólares.

Al estudiar la migración centroamericana, el investigador Rodolfo Casillas encontró una de las claves del negocio que gira en torno a esta población: “son personas que no tienen dinero, pero sí tienen una gran capacidad para endeudarse”.


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Desde septiembre del 2012, Martha Elsa Vidrio Federico es la presidenta municipal de Altar, Sonora, cargo en el que reemplazó a su hijo Rafael Rivera Vidrio.
Esta familia de políticos panistas también se contagió por la euforia económica que trajeron los migrantes y abrieron el hotel Rivera.
Hoy, la alcaldesa —como la mayoría de los habitantes del municipio— se queja de que la migración ya no es lo de antes.
“El único banco cerró hace un año, nadie está pagando el agua, los comercios están bajando las cortinas, las casas de huéspedes y los hoteles están cerrando”, relata.
“Se ha asustado mucho la gente (los migrantes) cuando ve al mando único, al montón de patrullas; les da miedo y ya no vienen… Se acabó la migración y todo se nos vino abajo”.
— ¿Los migrantes ya no llegan por culpa del mando único o porque el negocio de la migración lo está controlando totalmente el crimen organizado y les está cobrando una “cuota” muy alta a los migrantes?
La alcaldesa cuenta que desde que estaba el presidente Vicente Fox, luego Felipe Calderón y hasta ahora, ha mandado oficios solicitando la creación de un centro de acopio donde los inmigrantes tengan contratos directos con la gente de EEUU, para que el lugar que requiera mano de obra esté conectado…
Eso vendría a reactivar la economía de nuestros municipios, beneficiaría a los hoteles, los taxis, las vans…
La alcaldesa insiste en que la solución económica para Altar es tener un “centro de acopio de migrantes”; algo parecido a lo que fue el controvertido Programa Bracero, acuerdo laboral entre Estados Unidos y México —que funcionó desde la década de los 40 y hasta los 60— y el cual dotó a los trabajadores mexicanos de permisos para trabajar como jornaleros en los campos estadounidenses.
No explica cómo se terminarán las mafias que controlan la migración en el municipio. Ni siquiera menciona el tema: “solo quiero que me apoyen con ese centro de acopio para migrantes, porque si no Altar se va a morir de hambre o se queda como un pueblo fantasma”.
**Este trabajo forma parte del proyecto En el Camino, realizado por la Red de Periodistas de a Pie con el apoyo de Open Society Foundations**.