Los dreamers que batallan en México

Sobreviven en un país desconocido para ellos
Los dreamers que batallan en México
Dreamers.

México

¿Estoy en casa?, se preguntó Rufino Santiz apenas puso un pie en Matamoros, frontera con Texas, para tomar una autobús camino a la comunidad indígena de San Juan Chamula, el pueblo del estado de Chiapas del que lo sacaron sus padres cuando cumplió cinco años y al que no regresó sino hasta su “autodeportación”, 20 años después.

Pero no supo la respuesta hasta que comenzó a vivir su nueva vida: nada era igual que en Georgia, ni el paisaje, ni la ropa, ni los amigos en su escuela americana multirracial.

“No, no estoy en casa”, concluyó entonces. “Sólo estoy en el lugar donde nací”.

Y no estaba solo con ese sentimiento y otras emociones confusas de depresión y ansiedad; de liberación y ganas de triunfar aunque se dio cuenta hasta tres años después, en 2013, cuando supo de un movimiento en gestación denominado “Los otros Dreamers”: jóvenes que crecieron en Estados Unidos porque sus padres los llevaron indocumentados y luego fueron repatriados o volvieron por su propio pie a México cuando se les cerraron todas las puertas por no tener documentos; los menos, por asuntos legales.

Según los cálculos de la organización con representantes en casi todo el país, se trata de alrededor de 500,000 muchachos totalmente “bilingües, biculturales y binacionales” que han sido deportados desde 2007.

Su lema: “Somos de Aquí y somos de Allá”.

“Estamos luchando contra una cultura antiimigrante en ambos países y una sociedad mexicana que rechaza al estadounidense y una sociedad estadounidense que rechaza a los mexicanos”, dice Nancy Landa, chilango-angelina y una de las fundadoras del grupo