Refugiada en Los Ángeles a los 4 años

Las secuelas de la violencia persiguen a los niños migrantes

Kenia Bran con sus hijos Marvin, de 11 años y Genesis de 4 años.
Kenia Bran con sus hijos Marvin, de 11 años y Genesis de 4 años.
Foto: Aurelia Ventura

@Alvaradoisa

En el rostro de Marvin, de 11 años, se dibuja una sonrisa cuando ve una foto de su padre con él. Fue un instante de felicidad capturado en la violenta Honduras, de la que escapó este verano.

La vida de Marvin se reescribe en Los Ángeles desde hace dos meses. Su madre, Kenia Bran, planeó la huída desde que el padre fue testigo de un asesinato y su silencio fue asegurado con 17 balazos. Él pidió asilo político a Estados Unidos, pero se lo negaron. Y no pudo cruzar la frontera ilegalmente.

Ya muerto su esposo, Bran, de 33 años, fue el blanco de las amenazas. Un día ella cerró su negocio, renunció a su trabajo, empacó lo que cupo en tres maletas y emprendió un viaje de 13 días hacia EEUU con Marvin, Génesis —su hija de 4 años— y dos sobrinos. Todos se entregaron a la Patrulla Fronteriza.

Los niños ahora tratan de adaptarse a las clases en Los Ángeles. Marvin cursa el sexto grado en la secundaria Pio Pico y Génesis entró al kínder Normandie.

La sangrienta muerte de su padre no deja tranquilo a Marvin. Hace unos días llegó a casa llorando porque otro niño mencionó algo que le dolió en el alma. “Él empezó a hablar mentiras, que mi papi estaba vivo porque yo no lo había visto [el cadáver]”, cuenta con lágrimas.

Bran no duda que su hijo necesita atención de un especialista del plantel. “Le digo a él que tiene que desahogarse porque no quiero que se guarde eso”, comenta.

La violencia en Centroamérica ha seguido a los niños refugiados hasta sus nuevas escuelas en EEUU. asos como los de Marvin ya son comunes para los consejeros del LAUSD. “Si regresamos son cinco cuerpos más los que van a encontrar porque en nuestro país no hay paz”, dice Bran.

Salvador Sanabria, director de El Rescate, que prepara la defensa legal de este caso, coincide: “el futuro que les depararía en su país es incierto, lo más probable es que van de nuevo al fuego”.

Pero Marvin se va adaptando poco a poco. Con una sonrisa comparte que ya sabe decir “mom”, “please” y “food”. “Aquí hay más educación, hay más seguridad; allá me salía corriendo”, dice.

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