Cómo la realidad virtual me hizo sentir miedo… y me cambió

¿Puede la realidad virtual hacernos más empáticos? Según un experto "es como el uranio, con el que puedes calentar casas o destruir naciones". Una periodista de la BBC la probó en persona y aquí cuenta cómo le afectó.
Cómo la realidad virtual me hizo sentir miedo… y me cambió
Ilustración de una visión

Estoy parada en medio de una habitación alfombrada y con múltiples sensores, cámaras infrarrojas, sonido envolvente y suelos movedizos. Llevo puesto un casco de realidad virtual que cuesta lo mismo que un BMW.

Lo que veo me pone los pelos de punta.

Vine al Laboratorio Virtual de Interacción Virtual Humana de la Universidad de Stanford para comprobar por mí misma lo poderosa que es la tecnología de realidad virtual.

Pronto voy a descubrir que hay algo de cierto en la idea de que los entornos virtuales pueden cambiar la forma en que se comporta la gente en el mundo real.

Hoy experimentaré terror durante un tiempo y luego actuaré como un superhéroe. Los efectos sobre mi comportamiento durarán días.

La imagen en 3D que veo es una réplica digital de la habitación en la que me encuentro. Miro a la derecha y veo una versión digital de la puerta por la que entré. Miro abajo y reconozco el dibujo de la alfombra. Aunque hay algo nuevo: una estrecha plancha de madera en el suelo.

Cody Karutz, director del laboratorio, aprieta el botón de un control a distancia. Se oye un enorme ruido metálico mientras el suelo, de pronto, se abre bajo mis pies.

Me quedo parada en una pequeña plataforma en el aire, a varios pisos de altura. Miro hacia abajo y hay un foso gigante recubierto de metal oxidado. Mi pulso se acelera de golpe, me sudan las manos y estoy paralizada por el miedo.

Parece que he llegado a la parte en la que tengo que caminar por la plancha.

Me explican que el foso es una demostración bastante típica de realidad virtual diseñada para introducir a los primerizos. Y aunque conseguí llegar al otro lado, una persona de cada tres no lo consigue.

La historia del foso incluye anécdotas de gente que entró en pánico y acabó lanzándose y dándose de bruces contra el suelo.

En el futuro próximo habrá mucha gente que experimente la realidad virtual.

Facebook adquirió a principios de este año la empresa de realidad virtual Oculus por valor de US$2.000 millones, mientras que Samsung y Sony compiten para sacar al mercado el primer dispositivo.

Cualquiera con acceso a un par de materiales y un teléfono inteligente con Android puede hacerse una versión casera de cartón del casco de Google.

Stanford y otros laboratorios están probando que la realidad virtual tiene implicaciones que van más allá del entretenimiento.

Estudios recientes han demostrado que puede tener efectos médicos y psicológicos. Por ejemplo, se ha demostrado que puede mejorar la rehabilitación tras un infarto, ayudar a tratar la ansiedad o a las personas autistas.

Jeremy Bailenson, director y creador del laboratorio que visité, está fascinado por el potencial de la realidad virtual para mejorar la sociedad, aumentar la empatía y potenciar comportamientos más considerados.

“Cualquier cosa es posible. Puedes hacer que te sientas de 70 años, que seas de otra raza, de otro sexo o caminar un kilómetro en el cuerpo de otra persona para experimentar la discriminación que sufre”, dice Bailenson.

“Mi trabajo consiste en enseñar a la gente cómo gustar a los demás, cómo adoptar la perspectiva del otro, aprender sobre otras culturas y sobre el medio ambiente”, añade.

En un experimento realizado por Bailenson el año pasado, los participantes que experimentaron ser daltónicos a través de la realidad virtual dedicaron más tiempo a ejercer de voluntarios con asociaciones de daltónicos que los que simplemente lo imaginaron.

Otra de las pruebas que pasé fue ver un documental sobre acidez oceánica desde la perspectiva del suelo marino. Una voz me iba hablando de los efectos de la acidificación oceánica mientras yo veía cómo morían las especies marinas y desaparecían los corales.

Aunque la calidad gráfica era impresionante, me costó apreciar cómo el documental podría cambiar mi actitud o mi comportamiento con respecto al medio ambiente.

Resultados preliminares de un estudio con este documental concluyeron que los participantes que veían la versión “de inmersión” sentían mayor empatía hacia el medio ambiente que los que lo veían en la forma tradicional.

Yo no volví a pensar en el océano.

Bueno, hasta que llegó el fin de semana.

Mientras me daba una ducha de agua caliente, de pronto apareció vívidamente la escena subacuática del laboratorio.

Tuve un flashback del coral muriendo, de los arrecifes desapareciendo, y todo por mi comportamiento poco ecológico. En vez de disfrutar del agua caliente como hubiera hecho normalmente, cerré el agua.

Bailenson y su máquina de la empatía habían plantado en mi cabeza una imagen que, al menos durante los siguientes días, no iba a poder ignorar.

Pero si los investigadores están demostrando que la realidad virtual puede hacernos mejores personas, hay que preguntarse qué efecto pueden tener los videojuegos de inmersión.

Algunos investigadores creen que jugar a videojuegos violentos reduce la preocupación por las víctimas de crímenes violentos en la vida real. Otros sugieren que pueden provocar agresividad.

La importancia de esos resultados no está clara.

Bailenson es precavido: “Sí creo que a medida que los medios se vuelven más de inmersión, se vuelven también más poderosos”.

“La realidad virtual es como el uranio, con el que puedes calentar casas o destruir naciones. Está en nuestras manos elegir las aplicaciones buenas y no las malas”, dice.

Dado que solo unos pocos minutos de realidad virtual consiguieron cambiar mi comportamiento fuera del laboratorio, me inclino a creer lo que dice Bailenson sobre el poder persuasivo de esta tecnología.

Al mismo tiempo, no me llega la hora de pasar más tiempo en los mundos virtuales. Solo espero no tener que volver a caminar sobre una pequeña plancha de madera para pasar por encima de un foso.

Lea la historia original en inglés en BBC Future

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