El rostro latino del cáncer del seno

A pesar de padecer menos de esta enfermedad, las hispanas mueren más a causa de la misma
El rostro latino del cáncer del seno
El doctor Raymundo Romero examinando las placas de una mamografía de una de sus pacientes.
Foto: Ciro Cesar/Archivo La Opinión -

Cuando Isabel Guillén abrió sus ojos sobre la cama del quirófano, agradeció a Dios por estar viva a pesar de que sabía que en ese despertar ya no tenía sus senos.

A los 32 años de edad se había sometido a una mastectomía total, luego de que le diagnosticaran un cáncer mamario un año después de haberse sentido una bolita en el seno izquierdo, cuando se estaba bañando.

Acudió con un doctor de la compañía donde trabaja su hermana y ante la corroboración de la presencia de la pequeña bolita acudió con su doctora de cabecera, quien le dijo que estaba muy joven para tener cáncer de seno y que se trataba de un quiste mamario. Isabel lactaba en ese entonces a la menor de sus cuatro hijas, quien hoy tiene seis años.

Tras siete meses de visitas a las salas de emergencia por irritación del pezón, dolor y crecimiento del seno a causa del supuesto quiste, en diciembre de 2009 la residente y natural de Boyle Heigths, en California, cayó finalmente en manos de un doctor que, sin importar su carencia de seguro médico, ordenó una biopsia y la remitió a un especialista de cáncer del seno.

“Los exámenes salieron positivos”, comparte Isabel, quien acaba de cumplir 37 años. “Cuando me operaron el tumor medía nueve centímetros. En los siete meses de pérdida de tiempo, el cáncer llegó a una etapa IIIB. Pensé que me iba a morir, por eso pedí que me removieran los dos senos, aún con el temor de llegar a perder a mi esposo, ya que dicen que muchos dejan a sus esposas cuando tienen cáncer de seno”.

Pero no fue así. El esposo de Isabel estuvo con ella en todo momento y fue claro cuando apoyó su decisión.

“Él me dijo que no le importaba si tenía o no senos. Que él me amaba y que lo único que quería era verme con vida”, recuerda Isabel con voz quebrantada por el llanto. “Y aunque me gustaría tener una reconstrucción de senos, doy hoy gracias a Dios de estar con vida”.

El caso de Isabel, quien corrió con suerte, es tan solo un ejemplo de la realidad del cáncer mamario entre las mujeres latinas de este país quienes, según datos de la Sociedad Americana del Cáncer, para el 2012 tuvieron 17,000 diagnósticos de este tipo de cáncer y unas 2,400 fallecieron a causa del mal.

Y aunque el cáncer del seno es más frecuente en las anglosajonas y afroamericanas, éste es la causa número uno de las muertes entre las latinas en este país.

Esto se debe a ciertos factores económicos y culturales que priman en las integrantes de este grupo étnico.

Falta de acceso a los servicios médicos

Katherine Row, vocera de la Asociación Americana del Cáncer en Los Ángeles, asegura que el factor económico es una barrera que hace que muchas latinas no cuenten con un seguro médico que les permita hacerse los exámenes anuales preventivos del cáncer de seno, y cuando son diagnósticadas el cáncer está ya muy avanzado.

Sin médico de cabecera

El carecer de un médico de cabecera que les recuerde que es tiempo para su mamograma es otro factor que influye, dice por su cuenta el oncólogo Raymundo Romero, del White Memorial Hospital de Los Ángeles.

Falta de información

En muchas latinas sobrepesa la falta de educación sobre la enfermedad.

“Muchas no saben que tienen que hacerse un mamograma y si lo saben, no saben cuándo tienen que hacerse el primero”, agrega el galeno.

Vergüenza ante el médico masculino

Otra razón grande que últimamente se está escuchando es que muchas no se sienten a gusto hablando de sus senos con un doctor hombre y, de tenerlo de cabecera, pueda que nunca traigan el tema del cáncer si algo está sucediendo en sus senos, asegura el Dr. Romero.

La barrera lingüística

El problema del lenguaje también limita que el mal sea tratado en su etapa temprana, ya que “cuando se les detecta a tiempo a través de un mamograma muchas no le dan seguimiento por el inglés”.