El FBI vigiló a los líderes de los ‘Walkouts’

Activistas latinos estuvieron en la mira federal por más de cinco años
El FBI vigiló a los líderes de los ‘Walkouts’
A consecuencia de las protestas estudiantiles conocidas como los "walkouts" de 1968, 13 individuos, entre ellos "Sal" Castro y Carlos Montes, fueron arrestados.
Foto: Archivo / La Opinión

El profesor Sal Castro, un puñado de jóvenes estudiantes de secundaria en el Este de Los Ángeles y sus aliados son parte de la experiencia latina en esta ciudad y todo el país. Inmortalizados por una película —Walkout, dirigida por Edward James Olmos— y protagonistas en libros de historia y textos ideológicos, Castro y los Boinas Café son símbolo de conciencia política y responsabilidad ciudadana. A Castro, hoy, se le honra y respeta; una escuela en esta ciudad lleva su nombre desde 2010.

Pero de acuerdo con documentos de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI por sus siglas en inglés) recién desclasificados a pedido de La Opinión, resulta que Castro y los activistas también estuvieron en la mira del FBI. Los espiaron durante cinco años, siguiendo sus pasos e insertando informantes en su organización.

Era 1968, y las escuelas secundarias del Este de Los Ángeles fueron el epicentro de la participación latina en el movimiento de derechos civiles. Por centenares y luego miles, los estudiantes dejaron las clases en cuatro de ellas y marcharon pidiendo mejores condiciones para su educación.

A ese pedido también se agregaron protestas por la alta tasa de muerte de latinos en la Guerra de Vietnam y en pos de los derechos civiles por los que abogaba el Movimiento Chicano, como son mejores oportunidades laborales y equidad en la vivienda. La represión policíaca en dos escuelas solo sirvió para estimular más protestas.

Los informes, que obran en poder de esta redacción, dan detalle de reuniones, procesos judiciales (que enfrentaron los activistas por la serie de marchas y por supuestamente incendiar el hotel Biltmore en 1969 para cancelar una convención en la que participó el entonces gobernador Ronald Reagan), protestas de sus aliados y entrenamientos.

“El informante avisó que el sábado 6 de septiembre de 1968, ocho miembros de la organización BB [Boinas Café] fueron a las montañas de San Bernardino a practicar tiro”, cita uno de los reportes, que también menciona una protesta durante una reunión del Distrito Escolar de Los Ángeles en la que, para intimidar a los miembros de la junta, los activistas les lanzaron municiones

Las manifestaciones se siguieron dando mientras Sal Castro y doce Boinas Café, entonces llamados “Los trece del Este de Los Ángeles”, eran enjuiciados por conspiración, aunque eventualmente fueron exonerados.

La agrupación ganó popularidad tras los Walkouts. En 1967, el grupo inició con 20 integrantes y tres años después tenía mil en seis capítulos en el suroeste del país. Así se convirtió en el “enemigo público chicano número uno”, afirma el profesor Ian Haney López en su libro La lucha chicana por justicia.

La Policía nos odiaba, creían que éramos comunistas y no era cierto”, dice a La Opinión, 46 años después, Cruz Becerra, uno de los trece arrestados por liderar las marchas. “En la Policía eran muy conservadores, eran veteranos de la Guerra de Corea, eran anticomunistas”.

Para conseguir información controlar la organización y finalmente desprestigiarla y lograr su desaparición, la Policía infiltró al grupo.

Uno de los espías fue el novato policía Fernando Sumaya, quien reveló su identidad para testificar contra seis Boinas Café por los incendios en el Biltmore, aunque los declararon no culpables.

Carlos Montes, uno de los acusados en ambos juicios, dice que Sumaya los incitaba a ser violentos. “Siempre traía pistola, era más radical”, contó. Otros infiltrados habrían sido un policía “bien chamaco” de apellido Ávila y un agente del Sheriff.

El FBI no comentó sobre los reportes proporcionados.

Unos 15 mil estudiantes, en su gran mayoría latinos, se volcaron a las calles de Los Ángeles durante la primer semana del mes de marzo del año 1968. Se plantaron frente a sus escuelas en protesta de su sistema educativo incapaz de ofrecer una educación equitativa, con relevancia cultural y de calidad.

Los jóvenes alumnos de las secundarias Woodrow Wilson, Garfield, Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt, Belmont, Venice y Jefferson se unieron a la batalla social que emprendía en aquel entonces el activista sindical César Chávez. Por sus demandas y su identidad cultural formaban parte del Movimiento Chicano.

La participación del maestro Salvador “Sal” Castro en el paro del 6 de marzo en la escuela Lincoln, catalogado como “disturbio juvenil” por el FBI llevó a su arresto. />

En ese entonces, la tasa de deserción escolar superaba el 60% para los estudiantes mexicoamericanos o chicanos. Y aunque lograran graduarse de la secundaria, su nivel educativo era tan bajo que llegar a la universidad o a buenos puestos de trabajo era casi imposible. Sus vidas académicas progresaban a medias. Se les daban clases de nivel inferior en comparación a los anglosajones y al vivir bajo la constante opresión e indiferencia de parte de maestros y administradores se les garantizaba un futuro lejos del anhelado “sueño americano”.

Fue contra todo eso que se rebelaron. Esta es la historia de los Walkouts.

Joanna Jacobo contribuyó a este reportaje.

La mañana del 7 de marzo, la portada de este rotativo amaneció con el titular “Disturbios en cuatro escuelas de L.A”. Así empezaba a narrarse la historia de los ‘walkouts’ en Los Ángeles. La edición narra como cientos de estudiantes abandonaron sus clases en protesta contra condiciones de desigualdad. Una descripción de la foto muestra a cerca de 800 estudiantes congregados en las afueras de la oficina del Distrito Escolar en el Este de Los Ángeles. La Opinión inicialmente estuvo en contra de las protestas y las criticó en sus editoriales.

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