El hombre que transformó a los monjes shaolin en una marca global

El Templo Shaolin de China, con más de 1.500 años de historia, se ha convertido en una suerte de firma multimillionaria reconocida en todo el mundo de la mano de su abad, Shi Yongxin. BBC Mundo le cuenta quién es.
El hombre que transformó a los monjes shaolin en una marca global
Monje shaolín

El antiguo Templo Shaolin en China, famoso por sus monjes que practican kung-fu, es un gran negocio. ¿Quién es el hombre que lidera esta marca global?

Para los estándares de cualquier persona, el gran maestro Shi Yongxin –abad del Templo Shaolín– es una clase de monje budista muy diferente a lo habitual.

En los últimos años dirigió la modernización del templo de 1.500 años de antigüedad e incluso estudió un máster para poder hacerlo mejor.

Pero también ha generado controversia.

Muchos chinos lo critican por “comercializar” el templo, cuyos monjes guerreros son conocidos por su destreza en las artes marciales.

No soy fan ni seguidor del templo, pero –al igual que muchos– a menudo me he preguntado cómo sería conocer a uno de sus monjes.

Cuando se exhibió por primera vez la película “Templo Shaolin” en Hong Kong en 1982 yo era un joven totalmente sobrecogido por las impresionantes habilidades marciales de Jet Li y sus colegas actores en la película.

Desde entonces, he creído que todos los monjes shaolin son maestros de kung-fu.

Vea también: La rutina de los monjes luchadores de Shaolín

El paso del abad Shi Yongxin por Londres era una ocasión demasiado buena como para perdérmela porque rara vez concede entrevistas.

Quizá podía asistir a una demostración de kung-fu por parte del gran maestro en persona.

¿Volaría por los aires en la redacción de la BBC en Londres o mostraría una de las posturas de equilibrio sobre un solo dedo?

Me llevé una triste decepción.

Aunque le pedí al abad Shi que me enseñara sus habilidades de kung-fu durante la entrevista, simplemente rechazó hacer ningún movimiento.

Resultó ser que el principal monje shaolin cree que es demasiado viejo para hacer ese tipo de cosas, aunque, a sus 49 años, en realidad es más joven que yo.

El abad Shi me dijo que empezó a practicar el kung-fu shaolin cuando era un adolescente, pero actualmente hace muy poco ejercicio físico y por lo tanto no hace ya demostraciones de kung-fu.

Posteriormente se contradijo en ese punto, ¿pero quién osa discutir con un gran maestro?

Quizá no me debería haber sorpendido tanto.

Después de todo, el Templo Shaolin tiene un gran nombre y la vida del abad Shi está lejos de la vida de un monje de kung-fu ordinario.

Sus compromisos en el extranjero probablemente dificultan que pueda mantener un nivel adecuado para hacer exhibiciones.

El máster del abad Shi fue el primer MBA de un monje budista en China, y los conocimientos que adquirió fueron sin duda aprovechados.

Ha pasado años promocionando de forma activa el templo, no sólo en China sino en todo el mundo, convirtiéndolo en la actual marca multimillonaria que es.

Hay una serie de templos en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania.

También es presidente de la Asociación Europea Shaolin fundada en Viena, Austria, en 2010.

El abad Shi es además una figura muy conocida y controvertida en China.

Su forma inusual de gestionar el Templo Shaolin lo ha hecho famoso: es más un negocio que un templo budista, tal como muchos han indicado.

Según algunos informes de prensa, maneja un auto de lujo y utiliza un iPad.

En las redes sociales chinas circulan también algunas críticas hacia su vida personal.

Una de ellas dice que tiene cuentas bancarias secretas y una serie de casas lujosas en países occidentales.

Otros apuntan que Shi tiene esposa y un hijo.

Hasta ahora nunca ha reaccionado a estas denuncias.

Así que se las planteé directamente, pero me llevé otra decepción.

No hubo una negación directa, como muchos hubieran esperado.

En lugar de ello, el abad Shi simplemente dio una respuesta muy filosófica: “Si estas cosas fueran un problema, se hubieran convertido en problemas a estas alturas”.

Cuando fui más allá y le pregunté si describiría estas denuncias en su contra como simples rumores, repitió la misma respuesta y rechazó dar más explicaciones.

A lo largo de la entrevista no sentí que estuviera ante un líder religioso “normal” con fuertes creencias religiosas y sabiduría.

Ante las preguntas, el abad Shi se mostró más como un político o funcionario gubernamental dada su manera de hablar y el lenguaje que utilizó.

Incluso cuando le pregunté si tomaría en consideración hacer públicas las cuentas del Templo Shaolin para poner fin a las sospechas sobre sus actividades comerciales, dijo que no podía hacerlo porque podía tener consecuencias para otros templos budistas.

Los monjes de kung-fu todavía deslumbran con sus habilidades, y su gran maestro ha ayudado a extender su fama por todo el mundo.

Pero quizá sería más preciso describirlo como el director ejecutivo que como el abad del Templo Shaolin.