Las odiosas (pero útiles) comparaciones

"Mirando al Sur": blog del periodista Luis Manuel Ortiz que comenta los sucesos de actualidad desde Texas
Las odiosas (pero útiles) comparaciones
Muchos nos preguntamos por qué el avance de México sigue siendo tan escaso y tan disparejo a pesar de sus grandes recursos.
Foto: Archivo

Brownsville, Texas.- Las comparaciones son odiosas, es cierto, me lo han dicho muchas veces, lo reconozco y pido disculpas por volver a hacerlo. Son muy fastidiosas y más cuando ni caben, ni son lógicas, ni sirven para nada. Pero lo voy a hacer una vez más porque yo sí creo que caben, que son lógicas y que sirven para mucho… si les ponemos atención. Ustedes disculpen pero soy muy terco.

Sucede que en Estados Unidos están por celebrarse elecciones generales el próximo 4 de noviembre. Son las llamadas “elecciones de medio término” donde se van a renovar, o en muchos casos reelegir, los 435 miembros de la Cámara de Representantes y 33 de los 100 miembros del Senado. Además se elegirán o reelegirán un buen puñado de gobernadores y una enorme cantidad de funcionarios estatales, de condados y de municipios. No se elige presidente ni vicepresidente, porque eso sucederá dentro de dos años.

Aprovecho para decirles que lo que podemos esperar los hispanos de Estados Unidos de estas elecciones es un tema de gran interés, pero no para esta columna porque aquí, y lo siento mucho, es donde vamos a entrar al terreno de las odiosas comparaciones.

Ya dijimos que los miembros de la Cámara Baja de Estados Unidos –conocidos como representantes federales y equivalentes a lo que en México son los diputados federales- son 435 y que los de la Cámara Alta son 100 senadores (dos por cada estado). Eso nos da un total de 535 miembros del Poder Legislativo, todos electos por voto popular y directo. Estados Unidos tiene una población de 318,582,000 habitantes, según la estimación más reciente, hecha hace apenas un par de meses. Ese número de “americanos” hace de Estados Unidos el tercer país más poblado del mundo.

Si mis cálculos no fallan, esos números indican que hay un legislador por cada 595,000 habitantes. Y seguramente habrá muchos a los que les choque lo que voy a decir pero lo diré: Con todas sus fallas, la democracia estadounidense es una de las que mejor está planeada y se maneja con mayor acercamiento a lo correcto. Por lo tanto, las cifras anteriores las podemos considerar adecuadas a las necesidades legislativas de la nación.

Pasemos ahora a la comparación: México tiene, también según cálculos recientes (finales de 2013), 118,397,000 habitantes (200 millones menos que EU) y su Congreso está formado por 500 diputados y 128 senadores. Si hacemos el mismo cálculo anterior, encontramos que el país tiene un legislador por cada 188 mil mexicanos, casi la tercera parte de Estados Unidos. Ahora las cosas me comienzan a parecer más incongruentes. ¿A ustedes no? ¿Por qué menos mexicanos necesitan más legisladores? Y aquí la palabra menos significa la nada despreciable suma de 200 millones de habitantes…

Otro día, haciéndole al terco en esto de las comparaciones, podríamos revisar cuánto gana un legislador mexicano y uno “americano”, cuanto reciben de bonos, viáticos, gastos personales, familiares, administrativos, etc., y les aseguro que llegarán a cifras incalculables las desigualdades, los absurdos, los abusos y las deshonestidades disfrazados de “temas legislativos” (como la reunión “privada” que tuvo hace unas semanas un grupo de senadores con un puñado de “teiboleras” en un lujoso hotel de Puerto Vallarta y cuyo costo lo pagó el presupuesto oficial).

Y si a las cifras económicas le agregamos que a los asuntos legislativos se unen las prácticas parlamentarias “a modo” para aprobar leyes “convenientes”, ni para qué seguirle buscando.

Muchos nos preguntamos por qué el avance de México sigue siendo tan escaso y tan disparejo a pesar de sus grandes recursos y de que estos no son los tiempos en que se le podía echar la culpa “al porfiriato” y las respuestas son tan fáciles de encontrar. Basta rascarle un poquito… o también, de vez en cuando, hacer algunas comparaciones.