¿Por qué tardó tanto la ONU en responder al ébola?

"Si la crisis hubiera afectado primero a otras regiones del mundo (en lugar de África) creo que la respuesta hubiera sido diferente", le dijo Kofi Annan a la BBC. Pero, ¿es ésa la única razón para una reacción tan tardía?
¿Por qué tardó tanto la ONU en responder al ébola?
Llamado a apoyar el esfuerzo contra el ébola

“Amargamente decepcionado”. Así describió el exsecretario general de Naciones Unidas Kofi Annan su sentir por la respuesta internacional frente a la epidemia de ébola que empezó en África y ahora amenaza con extenderse por otras partes del globo.

Los organismos especializados de la ONU han sido señalados de haber necesitado meses para dimensionar adecuadamente el problema y los recursos necesarios para hacerle frente a la emergencia han llegado a cuentagotas.

Según el sucesor de Annan en el cargo, el coreano Ban Ki-moon, en el fondo flexible de US$1.000 millones propuesto por la ONU en septiembre para enfrentar la emergencia solamente hay US$100.000, que fueron donados por Colombia.

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Y aunque las contribuciones directas a diferentes ONGs y otras agencias de la ONU ya suman US$400 millones, los actuales compromisos para ese fondo flexible –clave para poder responder a una crisis que cada día plantea nuevos retos– alcanzan los US$20 millones.

Es decir, apenas el 2% del total.

“Si la crisis hubiera afectado primero a otras regiones del mundo creo que la respuesta hubiera sido diferente”, se quejó este jueves Annan en una entrevista con el programa de la BBC Newsnight.

“De hecho, si uno ve la evolución de la crisis, puede notar que la comunidad internacional solamente se despertó cuando la enfermedad llegó a Estados Unidos y Europa”, agrego el exfuncionario de Naciones Unidas.

¿Pero es esa la única explicación para la tardía respuesta de la ONU a una epidemia que ya ha causado más de 4.500 muertes?

Este es el análisis del experto en temas de cooperación internacional de la BBC, Mark Doyle.

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Es sólo en las últimas semanas que el ébola ha logrado colarse en los principales titulares internacionales.

Y, durante ese período, los lectores muy probablemente deben haber oído hablar de varias agencias de cooperación que están ayudando.

Como resultado es posible que hayan llegado a un par de conclusiones bastante razonables: existe un problema grave, pero el mismo ya está siendo atendido; hay gente muriendo, pero que la ayuda ya está en camino.

Y, lamentablemente, la cosa no es así.

Hay algunos trabajadores de la salud, africanos y no, que están demostrando una valentía extraordinaria mientras tratan de detener la epidemia.

Los de origen africano –de Liberia, Sierra Leona y Guinea– lo han estado haciendo ininterrumpidamente durante seis meses.

Mientras que los trabajadores internacionales, liderados por la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF), por lo general trabajan por periodos de tiempo más cortos, pero igualmente agotadores.

Y todos han estado advirtiendo durante meses que el ébola está fuera de control.

Y sin embargo es sólo ahora, cuatro o seis meses más tarde, que la pesada maquinaria de la llamada “comunidad internacional”, Naciones Unidas, está empezando a ponerse en acción.

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Conozco a esa maquinaria muy bien. La he visto en otras zonas de desastre, como Haití o Somalia.

Tengo muchos amigos dentro de la maquinaria: funcionarios de la ONU bien intencionados, doctores, soldados de los cuerpos de paz.

Y muchos lectores seguramente están familiarizados con las imágenes de este tipo de personas en acción: administrando puestos de salud, garantizando la seguridad, rescatando gente.

Es, por lo tanto, bastante razonable que se piense que estos funcionarios están siempre en acción.

Pero la máquina no funciona así. La realidad es muy diferente.

Traten de imaginar que están intentando montar y administrar una empresa multinacional de mediano tamaño.

Y ahora imaginen están intentando hacerlo en un país con malas carreteras, deficiente suministro eléctrico, pobres telecomunicaciones y una población con limitado acceso a la educación.

Y, sobre todo, imaginen que tienen que hacer funcionar esa compañía en un lugar donde incluso tocar a cualquier otra persona puede ser extremadamente riesgoso.

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Los trabajadores de Naciones Unidas no son santos ni súper héroes.

Y para montar una “empresa multinacional” ciertos trabajos mundanos son indispensables.

Primero hay que traer trabajadores de todas partes del mundo, asegurarse que coman diariamente, darles un techo.

Esas personas también van a necesitar vehículos y oficinas con escritorios y teléfonos para trabajar.

Además hay que asegurarse que cada parte de la compañía sepa lo que está haciendo el resto.

Y todo esto hay que tenerlo resuelto antes de que los trabajadores puedan empezar a hacer su verdadero trabajo.

Así, esta semana vi llegar a Ghana el primer de la Misión de Respuesta a Emergencias por Ébola de la ONU (Unmeer, por sus siglas en inglés), pero no transportaba equipo hospitalario o ropa protectora para los médicos.

En su lugar, transportaba los postes y la lona necesaria para ensamblar los almacenes temporales en donde se guardará el material hospitalario y los equipos de protección que llegaran posteriormente.

Visto de esta manera, sería injusto decir que ONU ha estado inactiva durante todos estos meses.

Algunas de sus agencias, como Unicef o el Programa Mundial de Alimentos, han estado trabajando intensamente en las zonas críticas en África.

Pero es sólo ahora empieza a activarse a cabeza, el cerebro de la maquinaria: la Unmeer.

De hecho, fue sólo porque la idea de fundarla nació durante una reunión de la Asamblea General de Naciones Unidas, cuando casi todos los miembros de la ONU estaban en Nueva York, que esto logró hacerse en unos pocos días: todo un récord para la organización.

Pero mucho tiempo fue necesario para decidir cómo debía funcionar.

[Mientras, el responsable de la Organización Mundial de la Salud para la respuesta al ébola, Bruce Aylward, hizo notar que incluso a nivel mundial es muy poca la gente que tiene la experiencia y el conocimiento necesario para lidiar con la enfermedad en el terreno.

“Incluso ahora vamos a necesitar semanas o meses para montar la infraestructura necesaria para atender la epidemia de forma segura, semanas sólo para entrenar a los trabajadores de la salud”, le dijo Aylward a la BBC].

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El administrador de esta nueva “empresa”, Unmeer, el estadounidense Tony Banbury, no ha ocultado la enorme dimensión del reto que tiene por delante.

Y yo he visto algunas de las listas de lo que necesita para poner a andar a su nueva “multinacional”.

Además del equipo humano, necesita cientos de vehículos, cientos de camiones para transportar materiales, un sinfín de ambulancias y diez helicópteros con capacidad para levantar carga pesada.

También va a necesitar 3.000 toneladas mensuales de ropa protectora para los médicos que están atendiendo a los pacientes, además de cuatro toneladas de bolsas para cadáveres cada mes.

Y todo esto tiene que llegar al lugar preciso, en el momento preciso.

Pero por el momento todavía no lo tiene a mano, ni está cerca de conseguirlo.

[En Liberia, por ejemplo, en estos momentos se necesitan urgentemente 85.000 bolsas para cadáveres y solamente han llegado 4.900. Y solo tienen 20.000 pares de guantes, cuando necesitan 2,4 millones].

Y esto es lo que dice Banbury, el hombre encargado de detener la epidemia descrita por la Organización Mundial de la Salud como la emergencia médica más seria de los tiempos modernos.

“Lo necesito todo. Lo necesito en todos lados. Y lo necesito ya”.