“El cáncer de seno me reafirmó la maravilla que es la vida”, Tamara Roth

“El cáncer de seno me reafirmó la maravilla que es la vida”, Tamara Roth
Meditación y oración han sido sus dos pilares de fuerza

Si no fuera por su apellido, Roth, nunca pensaría que la “chamasolanaTamara nació hace unas décadas en Brooklyn, NY.  Si no es porque ella me lo contó un día, nunca hubiese imaginado que le está ganando la batalla al cáncer de seno. Eso es lo que pasa con las ideas preconcebidas, no dan espacio para las realidades que son tan variadas. Claro, desde su diagnóstico Tamara ha tenido miedo, pero si algo le ha dejado la experiencia es reafirmar el amor por los momentos increíblemente simples de los que está compuesta la vida.

“Mi abuela paterna murió de cáncer de seno. No es algo de lo que se habla mucho pero sí de lo que yo, como mujer, he estado muy pendiente” cuenta Tamara sobre cómo descubrió que tenía cáncer. Hace cuatro meses se estaba haciendo su autoexamen regular de seno, cuando se sintió una pepita en uno de ellos. “Me la sentía rara, parecía un hueso”, recuerda.

El resultado de su búsqueda por Internet arrojó la descripción “masa no dolorosa, dura y con bordes irregulares” que se ajustaba a lo que ella sentía en su seno. Al par de días su ginecóloga la palpó y la remitió a hacerse la mamografía anual. Un ultrasonido confirmó la presencia de tres masas anormales que tendrían que pasar por una biopsia.

Tamara estaba comprando zapatos con sus hijas Stela y Silvana, de 12 y 9 años cuando recibió la llamada de su doctor

Es horrible la manera en que te lo dicen. El doctor me llama ‘Hola Tamara ¿puedes hablar?’ Y yo sí, claro’’ recuerda Tamara, que pensó que si la estaban llamado por teléfono eran buenas noticias. “Y ahí mismo me lo zumbó: ‘mira, déjame decirte que el resultado es positivo y necesitamos que vengas para hacer un  MRI’. Yo sentí que el mundo se me acabó”, continuó Tamara.

Más allá de sentir el ganglio, Tamara no tuvo síntoma alguno de los tres tumores (dos en el derecho y uno en el izquierdo) que se desarrollaban en sus senos. “Los tumores crecen a pasos agigantados. Desde los primeros exámenes hasta la cirugía me salieron dos más”, explica Tamara, mientras resalta la importancia de hacerse el autoexamen y las mamografías de rutina.

¿Y el miedo? Tamara tuvo y tiene miedo, no por falta de positivismo, sino por exceso de humanidad. “Primero está el miedo a lo que desconoces, miedo a si te vas a morir, miedo a cuándo vas a poder tener una vida normal si es que vuelve. Me da mucha confianza mi equipo médico y tengo mucha fe en Dios”, explica. “Estoy viviendo en el momento. No me preocupa lo que va a pasar en tres meses. Me concentro en que hoy logré mis metas y me siento bien. El miedo es humano y existe pero no me enfoco en eso”, agrega

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Su equipo médico elegido le ha dado una inyección enorme de confianza. El cirujano oncólogo le retiró un total de 18 ganglios, el cirujano plástico le hizo una masectomía reconstructiva y su médico oncólogo estará monitoreando 16 sesiones de quimio y radioterapia.

Aún así, esta mujer entregada a su familia y a su pasión, el diseño de interiores, habla entre sonrisas con una calma y positivismo que no sólo son admirables, sino contagiosos.

Además de la meditación y la oración Tamara ha hallado fuerza en “que he sentido de toda la gente que sabe que estoy pasando por esto, te lo juro que lo he sentido.”

La realidad de la noticia del cáncer de seno fue, en un principio, muy dura para su esposo, que al verla a ella tranquila se ha fortalecido. “Al final del día siento que yo soy la que tengo que darle a los demás la pauta de calma”, cuenta Tamara.

Para sus dos chiquitas, que no saben la historia completa, ha sido más fácil de tomar porque han aprendido mucho sobre el tema en el colegio y porque ven bien a su mami.

¿Qué le vas a decir a tus pequeñas en un par de años sobre esta experiencia? Le preguntamos.

“Que cada cosa que haces es una maravilla. Que te puedas tomar un café, que te puedas duchar, que puedas salir con una amiga. Todo se convierte en un milagro”.

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Tamara con su hijo Stefano, quien trabaja como voluntario en el hospital donde ella fue operada, le dio la sorpresa de darla de alta el día que regresó a su casa, después de la operación.