¿Cuándo ¡ya basta! es ¡ya basta!?

"Mirando al Sur": blog del periodista Luis Manuel Ortiz que comenta los sucesos de actualidad desde Texas

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¿Cuándo ¡ya basta! es ¡ya basta!?
La sociedad exige la presentación con vida de los jóvenes.
Foto: Getty Images

Brownsville, Texas.- Mal, pero muy mal, debe estar aquel a quien no le indignó leer o escuchar al presidente de México, Enrique Peña Nieto, cuando dijo “en esta nación de instituciones los servidores públicos debemos obedecer la Constitución y las leyes. Solamente debemos servir a los ciudadanos y a sus comunidades, quien quebrante estos preceptos fundamentales defrauda la confianza de la ciudadanía”. Pero mientras lo decía, en diferentes rumbos del país miles de personas se manifestaban, y lo siguen haciendo, en protesta por la indignante desaparición y muerte de hombres y mujeres, obreros y estudiantes, sin recibir respuesta a su llamado de justicia.

En las últimas semanas, varios grupos de estudiantes y obreros han desaparecido y se sabe que han sido asesinados por un amasiato criminal de gobernantes de distintos niveles –federales, estatales, municipales, legislativos, policíacos, etc.- aunque se desconoce el por qué, pero se sospecha. Sin embargo, ¿de qué sirve saber el cómo y el porqué si dentro de pronto estaremos de nuevo lamentando, preguntando y exigiendo lo mismo?

Y mucho significado tiene que Peña Nieto dijo lo anterior en la celebración, esta misma semana, de los 200 años de haberse promulgado la Constitución de Apatzingán. ¡200 años de frases vanas que intentan ocultar y hacer olvidar abusos ciertos, crueles, crudos! ¡De constituciones, leyes, reglamentos y corporaciones desobedecidas y vueltas a desobedecer una y otra vez, siempre en medio de una palabrería oficial grosera e insultante por repetitiva y falsa, que nada significa frente a los eternos clamores desoídos de justicia y bienestar!

Este presidente no es el único. México tiene siglos viviendo los mismos dramas y escuchando a políticos con iguales discursos insultantes. México ha tenido dirigentes de todas las ofertas ideológicas: liberales, conservadores, populistas, pro socialistas o pro capitalistas. De todo, y ya no sólo del PRI, ahora también de los otros partidos que antes gritaban ¡exigimos un cambio! Pero las cosas siguen igual y prometen no cambiar porque eso es lo verdaderamente cierto en el devenir histórico del país. Es la única promesa que podemos creer sin ninguna duda. Nada cambia.

Hace días se informó que la Red Nacional de Organismos Civiles TDT, que agrupa a 72 asociaciones de derechos humanos de México, solicitó al Parlamento Europeo que intervenga en el caso de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos en Ayotzinapa, Guerrero, el pasado 26 de septiembre, donde seis personas fueron asesinadas, veinte heridas y 43 desaparecidas.

Argumenta la Red que por sus características el caso de Ayotzinapa es imputable al Estado. Se sabe que en este caso están coludidos, en siniestra e infernal revoltura, las redes criminales del narco, organismos policiacos, entidades de gobierno municipales, estatales y federales. Y, como en otros casos ya conocidos en México, las víctimas encajan en el patrón de los que protestan y combaten los abusos oficiales. Por lo tanto, el caso no solamente adquiere la categoría de crímenes de estado, sino que evidencia la triste realidad que vive el país.

La Red solicita al Parlamento Europeo “que no privilegie los intereses económicos a las vidas de los mexicanos, que no sea omiso y que ejerza presión internacional para que el Gobierno mexicano cumpla con sus obligaciones internacionales al pleno respeto de los Derechos Humanos y sea efectivo en la búsqueda de los jóvenes utilizando todas la capacidades de Estado, de manera coordinada e informada, con respeto a los padres y normalistas y realmente investigue y castigue a los responsables”.

Aquí dejo de leer, pero no de preguntarme ¿por qué se le debe de pedir justicia al Parlamento Europeo? ¿Por su poder económico? ¿Por su influencia internacional? ¿Que no somos los mexicanos quienes debemos “pedirnos” ese cambio y esa justicia?

Demos respuesta a esas preguntas la semana próxima porque aquí mis editores me recuerdan que mi espacio –aunque no mi indignación- se terminó. Los espero la semana próxima.