El estadio donde suceden cosas mágicas

Los Gigantes tienen la Serie Mundial en sus terrenos, donde hilvanaron una gran racha ganadora

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El estadio donde suceden cosas mágicas
El AT&T Park abrió sus puertas en la temporada de 2000.
Foto: Getty

Lo primero que salta a la vista cuando uno está dentro del estadio de los Gigantes de San Francisco, hoy llamado AT&T Park, es la vista de la bahía por detrás del jardín derecho y central.

Siendo un poco más observadores, está la gigantesca barda de ladrillos del jardín derecho, que mide más de 7 metros, y por el otro lado del campo, esa monstruosa réplica de guante de béisbol, junto a la no menos grande botella de Coca Cola.

Pero si algo ha distinguido al A&T Park es el enorme éxito del que los dueños del inmueble, los Gigantes, han gozado desde su apertura en la temporada de 2000.

Este fin de semana, el primer estadio moderno de béisbol en ser construido con vista al mar recibe a la Serie Mundial por cuarta vez en su historia. Lo que es más: los Gigantes habían ganado seis juegos consecutivos en sus confines hasta antes del partido programado para el viernes, el tercero de la serie contra los Reales de Kansas City.

San Francisco ganó el primer juego del Clásico de Octubre el martes por 7-1 detrás del magistral pitcheo de Madison Bumgarner, quien en algún momento llegó a 32 innings y 2/3 sin permitir carrera en postemporada lanzando como visitante.

Kansas City empató la serie al día siguiente al ganar por 7-2, cortando una racha de los Gigantes de siete triunfos en Series Mundiales.

Pero en su parque, los Gigantes no pierden desde el tercer juego de la Serie Mundial de 2002 contra los Angels de Anaheim. La racha ganadora dio inicio el 23 de octubre de ese año con pizarra de 4-3 en el entonces llamado Pacific Bell Park. También ganaron un día después (16-4), aunque esa serie terminaron perdiéndola en siete partidos.

Luego vinieron las Series Mundiales de 2010 y 2012, en las que San Francisco ganó las dos veces que jugó como local en cada ocasión: sobre los Rangers de Texas en 2010 por 11-7 y 9-0, y sobre Detroit en la Serie de 2012 con marcadores de 8-3 (en la noche de los tres jonrones de Pablo Sandoval) y 2-0.

No obstante, la coronación Gigante en ambas ocasiones se produjo en el campo enemigo.

San Francisco llegaba a los partidos del fin de semana contra Kansas City pensando en que era posible ganar su tercer campeonato de las Ligas Mayores en los pasados cinco años y además hacerlo ante sus propios fanáticos, tal vez los más leales de este deporte (SF ha rebasado los tres millones de seguidores en 13 de las 15 temporadas de vida del AT&T Park).

Han sido incontables los momentos dorados de los Gigantes en este estadio, muchos de ellos registrados por Barry Bonds, el hombre del que se puede argumentar, aceleró la construcción del estadio debido a sus grandes temporadas desde que llegó al club en 1993, convirtiéndose en el rostro del equipo cuando los Giants jugaban en el ahora abandonado Candlestick Park.

En el actual hogar del equipo, Bonds bateó el primer jonrón que se fue a la bahía, el primero de esos “Splash Hits”, en mayo de 2000. Son suyos 35 de los 68 batazos enviados al agua conectados por bateadores de los Gigantes.

Bonds también firmó en el estadio sus jonrones más memorables: el 500 (en abril de 2001), el 600 (agosto de 2002), el 660 para empatar a su padrino Willie Mays (abril de 2004), el 700 (septiembre de 2004), el 715 para rebasar a Babe Ruth (mayo de 2006) y el 756 para romper el récord de Hank Aaron (7 de agosto de 2007).

Todos esos momentos, sin importar lo que el futuro le tenía deparado a Bonds, resultaron mágicos, como lo fue el jonrón en el noveno inning de Travis Ishikawa la semana pasada contra San Luis que puso a San Francisco en la Serie Mundial.

Pero los fans de los Gigantes están esperando los momentos más remarcables que se hayan vivido en el estadio y tal vez en la historia del béisbol en San Francisco.

La Serie Mundial está aquí, en el mágico estadio de la bahía. El tercer campeonato de las Ligas Mayores para los Gigantes es una gran posibilidad. Se vale soñar.