Salton Sea: el paisaje apocalíptico del “mar muerto” de California

La degradación se hizo evidente en los 70 cuando comenzaron a aparecer en sus orillas decenas de peces muertos; organizaciones buscan salvar el cuerpo de agua

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Salton Sea: el paisaje apocalíptico del “mar muerto” de California

En la distancia nada hace suponer que el mar de Salton (Salton Sea), en el sur de California, es el protagonista de una de las catástrofes ecológicas más graves que están ocurriendo en el territorio de Estados Unidos.

Tan sólo hay que acercarse unos metros al lago para empezar a percibir el fuerte olor a podredumbre que emana de los cientos de miles de peces en descomposición que durante todo el año cubren sus orillas.

Al adentrarse en el árido desierto del Colorado uno se encuentra, como si de un espejismo se tratara, con esta enorme extensión de agua que un día fue una de las principales atracciones turísticas de la región.

Tras décadas de recibir los vertidos de las numerosas explotaciones agrícolas de los vecinos valles de Coachella e Imperial, el agua del lago –que a mediados del siglo XX fue apodado como la “Riviera de California”– se ha transformado en un caldo fétido con una elevada salinidad.

Desde hace años, los expertos han estado advirtiendo a las autoridades de que deben intervenir para salvar este “mar muerto”.

Según sostienen, ello es vital no sólo para asegurar la subsistencia de los vecinos de esta empobrecida región, sino también para evitar el enorme daño medioambiental que causaría dejar que se seque el lago, en cuyo lecho se acumulan grandes cantidades de metales tóxicos y de cuyos humedales dependen cientos de especies de aves migratorias.

Tras años de debates, todos los planes que se han presentado han quedado en papel mojado.

La historia del Salton Sea se inició por accidente en 1905.

Un error de cálculo en la construcción de un canal para llevar agua a las tierras de cultivo del valle Imperial, hizo que el caudal del río Colorado se desbordara, inundando durante 16 meses el lecho de un antiguo lago prehistórico situado a unos 70 metros por debajo del nivel del mar.

Cuando los ingenieros lograron contener las aguas del Colorado tras cerca de dos años de batalla, había nacido el Salton Sea que, con una superficie de más de 900 km2, se convirtió en el mayor lago de California.

En las décadas posteriores este lugar ganó popularidad como destino turístico, particularmente en los años 50 y 60.

Numerosas estrellas de Hollywood como Frank Sinatra, Jerry Lewis o Sonny Bono lo visitaban para practicar deportes acuáticos o para pescar.

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Pero los días del lago como meca turística estaban contados, ya que que durante décadas los agricultores de la región vertieron en él sus excedentes de agua, que en muchos casos contenían pesticidas y que hicieron que aumentara la salinidad del agua, que en la actualidad es cerca de un 30% superior a la del Océano Pacífico.

La degradación del lago se hizo evidente en los años 70 cuando en sus orillas comenzaron a aparecer cientos de miles de peces muertos.

Las siguientes víctimas fueron las aves.

El mal olor que emanaba del lago por la combinación de los peces muertos y de una enorme cantidad de algas en descomposición provocó que el número de visitantes descendiera dramáticamente.

La mañana en la que BBC Mundo acudió al Centro de Visitantes del Salton Sea, en el extremo norte del lago, apenas había una veintena de personas, algo que uno entiende al acercarse a la playa colindante.

El olor a podrido es intenso y lo que en la lejanía parece arena blanca, no es más que el resultado de la acumulación de los esqueletos triturados de millones de peces mezclados con las carcasas de una especie de crustáceo que se multiplica sin control al carecer de depredadores.

Entre los que caminan por la playa tomando fotos y tapándose la nariz se encuentra Karen Carberry, una mujer de Cincinnati, Ohio, quien se encuentra visitando el lugar con amigos.

“Es la primera vez que venimos. Leímos la historia del lago en una revista y queríamos verlo con nuestros propios ojos”, le cuenta Carberry a BBC Mundo.

“Realmente no esperaba que oliera tan mal. Es un paisaje muy triste. No entiendo cómo se ha llegado a esta situación. Tendrían que hacer algo para remediarlo”, asegura.

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Ese “remedio” del que habla Karen tiene un coste de entre $7,000 millones y $9,000 millones, según le explica a BBC Mundo Connie Brooks, directora ejecutiva de la organización Amigos del Salton Sea, responsable de los programas educacionales que se llevan a cabo en el lago.

“Queremos que la gente sepa lo importante que es salvar este lago, porque si no se hace nada, la crisis medioambiental que se desatará será enorme”, asegura Brooks, quien explica que la gran cantidad de peces que mueren en estas aguas se debe a la excesiva presencia de algas, que absorben el oxígeno, matando a los animales.

“A medida que el lago se seque y el agua retroceda, los sedimentos del fondo, que contienen metales peligrosos como arsénico o cadmio, quedarán expuestos y el viento esparcirá el polvo tóxico resultante a lugares como Palm Springs o incluso Los Ángeles”.

Brooks también considera que es esencial salvar el lago para proteger a las más de 400 especies de aves que lo utilizan en sus rutas migratorias y que no tienen a otro lugar en la región al que ir, ya que más de el 90% de los humedales del sur de California han desaparecido.

La directora ejecutiva de la organización cree que una de las soluciones a los problemas del lago sería idear un sistema para que el agua pudiera circular, lo que, según Brooks, contribuiría a que se redujera su salinidad.

Timothy Bradley, profesor de biología de la Universidad de California-Irvine, lleva tres años trabajando con grupos locales para tratar de encontrar una solución a los problemas del Salton Sea.

Bradley asegura que, además de restaurar las aguas del lago y sus humedales, una de las maneras de revitalizar la economía de la región sería aprovechar el enorme potencial que tiene el cuerpo de agua para producir energía geotérmica, “debido a que se encuentra un área en la que chocan dos placas tectónicas”.

“En este momento no existe consenso sobre lo que se debe hacer y lo primero que hay que lograr es que los expertos y los miembros de la comunidad local se pongan de acuerdo para que podamos ir ante los políticos y presentarles un plan para salvar el lago”, apunta el experto.

Viendo la desolación que uno se encuentra recorriendo las orillas del Salton Sea resulta inevitable que preguntarse si cualquier plan de rescate que pueda ponerse en práctica a estas alturas no va a llegar demasiado tarde.

En los márgenes de la carretera 111, que recorre el lago de norte a sur, se suceden las estructuras abandonadas.

Cafés, restaurantes y viviendas están en ruinas. No queda ni rastro del esplendor que vivió esta zona hace ahora medio siglo.

En ningún lugar la decadencia en la que está sumida esta región es tan evidente como en la localidad de Bombay Beach.

Es un verdadero pueblo fantasma en el que sobreviven un centenar de familias y en el que calle tras calle lo único que uno ve son casas abandonadas repletas de escombros y basura.

La que en su día fue una próspera comunidad de vacaciones parece abocada a desaparecer y sus vecinos, que en muchos casos son jubilados o personas con discapacidades que dependen de las ayudas gubernamentales, tras años de promesas incumplidas, no confían en que las autoridades hagan algo para salvar el lago.

“He vivido aquí 10 años y las cosas no han dejado de empeorar”, le explica a BBC Mundo Pamela Parrish, encargada de un pequeño supermercado en el que se abastecen los vecinos de Bombay Beach.

“Mucha gente se ha ido para siempre y los edificios se están derrumbando. Poco a poco todo se está deteriorando y parece que no tiene remedio. La economía no funciona y no hay trabajo así que no hay forma de ganarse la vida”, explica la mujer.

Los únicos visitantes que este día uno encuentra en las calles de la zona son exploradores urbanos como Sam, que tiene como afición sacar fotografías de lugares abandonados y que ha viajado desde Los Ángeles con dos amigos.

“El aspecto apocalíptico de este pueblo es muy interesante. He visto imágenes antiguas del Salton Sea en los años 50 y 60 y se hace muy extraño que ahora esté así”, asegura el joven.

De momento, las únicas medidas que las autoridades van a tomar van a ser para salvar los humedales del sur del lago, un hábitat fundamental para miles de aves.

Con los turistas y las estrellas de Hollywood como un espejismo del pasado, la supervivencia del Salton Sea sigue colgando de un hilo y la posibilidad de que su desaparición produzca una catástrofe ecológica se hace cada vez más real.