‘No podemos abrazarla’

Con restricciones familias vuelven a reunirse en parque fronterizo entre San Diego y Tijuana
‘No podemos abrazarla’
1. Victoria González habla con su hija, Isi Ramón, a través de la valla. 2. Adriana Jasso, del "American Friends Service Committee", habla con un grupo de estudiantes. 3. Marcel Brousseau (izq.) y Daniel Watman (der.), charlan sobre el jardin binacional.
Foto: Fotos: EFE

SAN DIEGO

Amigos y familias que han sido separados por cuestiones migratorias retoman la tradición de encontrarse junto a la valla que divide el Parque de la Amistad, situado en la frontera entre la ciudad de San Diego y Tijuana.

“Cada vez vemos más personas, sobre todo familias que vienen aquí a reunirse y que están separadas por su estatus migratorio”, dijo Dan Watman, integrante de la Coalición de Amigos del Parque de la Amistad.

El acceso a este parque, con vistas al océano Pacífico y separado por una larga malla, fue restringido en febrero de 2009 el Gobierno de Estados Unidos para levantar un segundo cerco fronterizo, lo que acabó con una tradición de más de 40 años.

Sin embargo, esta costumbre se está recuperando paulatinamente tras su reapertura durante los fines de semana, y Watman señaló que tienen registro de alrededor de 2,000 visitantes en lo que va del año, muchos de los cuales hacen el viaje desde otros puntos de California.

Para garantizar su operación, desde la reapertura se asignó a un agente de asuntos comunitarios para resguardar la zona durante el tiempo de visitas, dijo el portavoz de la Patrulla Fronteriza en San Diego Gerardo Gutiérrez, quien aseguró que no solicitan la documentación a las personas que acuden al lugar.

Este emblemático sitio, fundado en 1971 por la entonces primera dama, “Pat” Nixon, se creó en el punto más suroeste del país como un símbolo de unión y solidaridad entre México y Estados Unidos.

La lucha de organizaciones comunitarias permitió la reapertura luego de tres años de acceso limitado, aunque con una normativa que restringe su paso únicamente a los fines de semana y a grupos no mayores de 25 personas por turno, aunque puede haber excepciones para eventos especiales.

Otra de las limitaciones que se encuentran los visitantes es que la malla es tan tupida que impide el contacto físico y obstaculiza la visibilidad entre ambos lados.

Watman explicó que han solicitado a la Patrulla Fronteriza modificaciones que permitan nuevamente ese acercamiento, aunque la dependencia ha rechazado esta posibilidad debido a cuestiones de seguridad y para evitar que “la gente pase cosas a través del muro.”

Los hermanos Isi y Luis Ramón, de Los Ángeles, llegaron al parque para que su madre pudiera conocer a su nieta, quien nació en agosto.

Los hermanos suelen visitar el lugar al menos una vez al mes para ver a su madre, quien fue deportada hace tres años.

Nos gustaría poder abrazarla pero esta red nos lo impide, podemos verla pero no sentirla”, lamentó el joven, que, al igual que su hermana, no puede viajar a México debido a su estatus migratorio.

“Cuando supimos del parque nos emocionamos mucho, pero cuando llegamos aquí nos sentimos como en una cárcel, es feo ver que ella está ahí pero no poderla tocar“, mencionó Isi.

Su madre, Victoria González, habló a través de la reja y expresó su dolor debido a que ésta es la única forma en que puede ver en persona a sus hijos: “Es muy triste, esto parece una cárcel, me gustaría al menos tocarlos.”

Adriana Jasso, representante del Comité de Amigos Americanos, lamentó que la “militarización” de la frontera haya afectado a tantas familias inmigrantes.

Pese a ello, destacó la importancia histórica del Parque de la Amistad, forjado a través de distintos acuerdos y esfuerzos desde su construcción.

“Quizá no pueda ser el mismo encuentro de antes, pero bien sigue siendo ese punto de referencia de un parque de la amistad y de dos naciones que continúan unidas por su historia, porque así ha sido desde antes de que existiera el muro”, dijo.

Por su parte, Pedro Ríos, director del Comité de Amigos Americanos y también integrante de la Coalición de Amigos del Parque de la Amistad, aseguró que las preocupaciones de seguridad “no deben sobrepasar el derecho a que una persona pueda disfrutar del lugar.”

Su ambición es que el parque no esté dividido con las mallas, aunque reconoció que esta ambición “quizá no la vamos a ver cumplida dentro de nuestras vidas.”