Duerme bien y vive saludable

El insomnio acarrea un desequilibrio en tu organismo que puede afectar tu bienestar
Duerme bien y vive saludable
Foto: Shutterstock

Una idea muy difundida es que mientras más pasan los años y se llega a la vida adulta, menos horas de sueño se requieren, incluso la mayoría de las personas conocemos a alguien que asegura que con dos o tres horas es más que suficiente para restablecer sus energías y desenvolverse adecuadamente durante el día.

Y aunque mucho se ha discutido acerca de cuánto tiempo es necesario procurar este descanso, lo ideal -dice el doctor Reyes Haro Valencia, director de la clínica de Trastornos del Sueño de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)-, es procurar que sean entre 6 y 8 horas para lograr que sea un sueño reparador y no solamente se refiere a restablecer la energía perdida durante el día, sino también a que todos los ciclos que realiza el organismo mientras duermes, se lleven a cabo y que se traducen en una salud física y mental, plena.

Desde esta perspectiva es más sencillo entender todas las alteraciones y los riesgos a los que te expones cuando sacrificas el sueño, pero a la par hay otros efectos negativos que vale la pena considerar: la próxima vez que dudes entre ir a la cama o desvelarte viendo la televisión, toma la primera opción.

Roberta Lee, autora del libro El síndrome del superestrés, Editorial Urano, advierte que “aunque la mayoría de las personas suelen negar o minimizar los efectos de no dormir suficiente, los estudios con personas a las que les falta el sueño demuestran que puede ser un problema grave. Las que acumulan una gran falta de sueño padecen lapsos de atención, su memoria a corto plazo es limitada y no están en pleno uso de sus facultades”.

Y define también la falta de sueño como uno de los principales problemas de quienes sufren estrés y sin darse cuenta segregan hormonas como el cortisol, lo cual dificulta que el cuerpo se pueda recuperar, mientras que de forma adicional se presentan otros efectos negativos como por ejemplo:

Obesidad del sueño: Hay una teoría que afirma que los primeros humanos almacenaban grasa durante el verano, temporada en la que se disponía de más alimento y las noches eran más cortas. Al dormir poco, engañas a tu cerebro haciéndole creer que es verano y esto ocasiona que el cuerpo reserve todas las calorías posibles para aguantar durante el invierno venidero. Adicionalmente, la leptina que es otra hormona relacionada con el control del apetito, al dormir pocas horas ésta se segrega en pequeñas cantidades, lo que ocasiona que comas en exceso.

Diabetes tipo 2: El cortisol también regula los niveles de glucosa en sangre, por lo que si se segrega en demasía, a la par habrá mucha azúcar en la sangre y el cuerpo en un intento por equilibrar libera grandes cantidades de insulina, condición en la que las células ya no responden a los efectos de la misma. La resistencia a la insulina puede derivar en diabetes tipo dos.

Envejecimiento precoz: La falta de sueño altera las funciones metabólicas y hormonales del cuerpo, lo que produce efectos similares al envejecimiento, pues acelera el inicio de enfermedades relacionadas con la edad como la pérdida de memoria y otros padecimientos como la diabetes y la hipertensión.

Disfrutar de un sueño reparador no es algo exclusivo de la infancia, es parte del cuidado de la salud de cualquier persona sin importar su edad. Si hasta ahora le habías dado poca importancia a tus espacios de descanso, es buen momento para retomar los sanos hábitos y procurar tu bienestar.

Colaboración de Fundación Teletón México

“Los sueños se cristalizan con esfuerzo”

Bojorge@teleton.org.mx