Menos gritos, más amor

Madre de cuatro decide no gritarle más a sus hijos. Esto es lo que descubrió.
Menos gritos, más amor
'Gritar es adictivo. Llega un punto en que cuanto más gritas, más te agitas y más sigues gritando'.
Foto: Shutterstock

Dos años atrás, Sheila McCraith estaba gritándole a uno de sus cuatro varones, de entre uno y cinco años de edad, por portarse mal, cuando el albañil que estaba trabajando en la casa le llamó la atención.

“Me sentí avergonzada, triste y desilusionada por haberme convertido en una mamá gritona”, recordó McCraith. Al día siguiente, les prometió a sus hijos que trataría de no gritarles, al menos por 365 días.

McCraith logró alcanzar el desafío que ella misma se había impuesto, e incluso superó la cantidad de días- en la actualidad, más de 520- que se había propuesto alcanzar.

“Gritaba porque estaba estresada”, explicó la madre. “Pero desde que dejé de gritar no sólo yo, sino también mis hijos estamos mucho más calmados y tranquilos”, aseguró.

McCraith reconoció que el gritar es adictivo. “Llega un punto en que cuanto más gritas, más te agitas y más sigues gritando”, explicó.

Entre las muchas ventajas de dejar de gritar fue que los niños también dejaron de hacerlo, y que en su lugar aprendieron técnicas para lidiar con el coraje y la frustración, indicó McCraith.

“Existe el mito de que si no le gritas a tus hijos, no eres exigente con ellos, o que no los disciplinas”, comentó la madre y aseguró que no es así.

“Los niños aprenden con el ejemplo. Ponte a pensar en cómo te sientes tú cuando otra persona te grita. Yo personalmente, dejo de escucharlo. Lo mismo ocurre con los niños cuando les gritamos”, explicó.

Una de las herramientas que utilizó McCraith fue comenzar un blog, o diario digital, en el cual contaba las dificultades y logros de la experiencia. “Nunca en mi vida había leído un blog, nunca había escrito uno”, confesó.

En un comienzo, prefirió que su blog fuese anónimo por cuestiones de privacidad y decidió elegir la figura de un rinoceronte naranja para que la representara.

McCraith explicó que los rinocerontes grises son animales tenaces y calmos que atacan cuando los provocan.

“El color naranja, en cambio, tiene una energía positiva, cálida y me inspira determinación, en lugar de agresividad”, explicó.

McCraith también recopiló sus historias y lecciones aprendidas en “Yell less, love more”, un libro que relata su jornada y da aliento y ayuda a otros padres que quieran aceptar el desafío.

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La autora reconoció que hubo semanas muy estresantes, pero que con el paso de los días el desafío de no gritar se fue haciendo más sencillo.

“Desde que dejé de gritar, se siente una mejor onda en la casa. Es importante recordar que no hay niño -ni adulto- que sea perfecto, y tomar las cosas con otra perspectiva”, indicó McCraith.

“¿Se cayó el cereal en el piso? Al menos fue cereal y no algo peor. Tenemos que aprender a dejar pasar ciertas cosas”, aconsejó.

McCaith dijo que con el tiempo aprendió a reconocer las señales físicas de cuando iba a enojarse y empezar a gritar. “Cuando prestas atención a tu cuerpo, empiezas a notar las palmas sudorosas, o el corazón que se te acelera y sabes que estás por explotar”, señaló.

La autora asegura que todos pueden lograrlo.

“Comienza con un desafío que te quede cómodo y elige una fecha para concretar tu gol. Tanto tú, tus niños y tu familia se beneficiarán”.