Cavan en busca de sus hijos

Padres y madres de Iguala: los buscaremos hasta encontrarlos
Cavan en busca de sus hijos
En dos semanas han encontrado 40 tumbas.
Foto: Gardenia Mendoza

IGUALA, México

El sacerdote Mauricio Prudenciano apunta con la mano derecha hacia el cerro. Suelta unas gotas de agua bendita que caen sobre unas piedras y exclama: “Dales señor tu eterno descanso”.

La bendición no tiene un nombre en específico, está dirigida a las decenas de cuerpos que se calcula fueron enterrados en los alrededores de esta ciudad del norte de Guerrero donde el pasado 16 de septiembre desaparecieron 43 estudiantes como un hecho más entre muchos otros .

En torno al cura católico se encuentran alrededor de 20 padres, madres y hermanos de gente secuestrada y desaparecida que escuchan la improvisada misa a campo abierto como un punto de partida para iniciar ellos mismos la búsqueda de los suyos en fosas clandestinas.

“Quiero encontrar aunque sea los huesos de mi hijo y de mi nieto”, dice Celia R., una anciana de 78 años que llegó hasta las faldas de la montaña para cavar entre los matorrales.

Con el pesar de los años, toma como bastón un pico que le da Citlali Miranda, integrante de la Coordinadora de Familiares y Desaparecidos de Iguala, quien encabeza la caminata cuesta arriba bajo un calor de 38 grados.

“Sólo en las últimas dos semanas hemos encontrado alrededor de 40 posibles tumbas clandestinas”, cuenta Miranda. “Todavía no sabemos si hay cadáveres o no porque nos comprometimos con la PGR (Procuraduría General de la República) de avisar cualquier hallazgo para que los peritos especializados abran las tumbas”.

Cada vez que aparece un montículo de tierra a desnivel en el terreno, los agitados exploradores hunden una barra de metal: si ésta se hunde fácilmente es señal de que la tierra pudo ser removida.

Los familiares se han dividido en grupos de seis personas para sondear con mayor eficiencia una zona perfectamente delimitadapara explorar: es un esquema de organización desde hace dos meses, desde que tomaron valor tras la desapareción de los 43 estudiantes de la normal rural Isidro Burgos de Ayotzinapa.

Celia R. clava una y otra vez la barra. Suda. A ratos llora, pero sigue en pie, con su falda larga y el cabello recogido en un moño. “Si lo encuentro ya no se irán para la fosa común”.