Cuba-USA: No los une el amor sino el espanto

César Leo Marcus escribe sobre inmigración y otros temas de interés para la comunidad latina

El escritor argentino Jorge Luis Borges culminaba su poema “Buenos Aires”, con la línea: No nos une el amor sino el espanto, será por eso que la quiero tanto.

Reflejando que el miedo, la oportunidad y el espanto, puede unir a dos corazones, dos personas, dos mandatarios o dos países, y esa unión es tan valedera como el amor.

El primero de enero del 2015 se cumplirán 56 años desde que los hermanos Fidel y Raúl Castro tomaron la isla de Cuba, años de muerte, asesinatos, torturas y represión, que hasta hoy continúan. El embargo comenzó cuatro años después, impuesto por el presidente Dwight D. Eisenhower, el 19 de octubre de 1960, rompiendo a los pocos meses las relaciones diplomáticas, el 3 de enero de 1961. Para ese entonces el actual presidente de los Estados Unidos de América no había nacido, cuando Barak Obama llega a este mundo, en agosto de 1961, el embargo a Cuba ya tenía diez meses, no había embajadores desde ocho meses y el presidente John F. Kennedy había fracasado, en abril de 1961, en un intento de invasión cívico-militar a Playa Girón, en la Bahía de Cochinos, al centro sur de Cuba.

Durante 53 años Barak Obama escuchó hablar de Cuba, de Fidel y de Raúl Castro, probablemente los hermanos Castro se enteraron de la existencia de Barak Obama a mediados del 2008 cuando gana las internas demócratas, ya que desde el 2005 era un desconocido senador por el estado de Illinois. No hay duda que a Raúl Castro y Barak Obama no los une el amor pero sí el espanto, y más exactamente la oportunidad que los lleva, como diría Borges, al espanto del amor, una oportunidad única para cada uno de estos gobernantes y un espanto único para todos los detractores colectivamente, en los que rige el miedo al cambio.

Para Raúl Castro la oportunidad es única, ya que su padrino económico, el gobierno venezolano, se está hundiendo junto con el precio del barril de petróleo, esta crisis petrolera también arrastra a Rusia, otro aliado de Cuba. Es decir que el panorama económico de la isla está cayendo en el abismo más profundo de su historia, y plagado de incertidumbres. Debemos reconocer que Raúl Castro es un viejo zorro, a sabiendas que sus padrinos dejarían de apoyarlo algún día, hace un tiempo comenzó una débil apertura económica en la isla, autorizando visas para salir del país, permitiendo la compra-venta de casas y automóviles, incluso ampliando los permisos de inversiones extrajeras en desarrollos económicos.

Para Barak Obama la oportunidad también es única, porque necesita dejar una impronta de su presidencia, demostrar que no es un “pato cojo”, como denominan a los presidentes en su segundo mandato porque han perdido el poder. Obama necesita un legado que los republicanos no puedan quitarle, como amenazaron con el Obamacare y el decreto inmigratorio. Barak Obama no quiere ser “solo” el primer presidente afroamericano de la historia, también quiere ser el primer presidente que restituyó la embajada americana en Cuba, y hasta probablemente el primero en visitar la isla en los últimos 56 años.

Raúl Castro dejará de ser el hermano de Fidel, para ingresar en la historia como quien salvó de la catástrofe a Cuba. Barak Obama dejara de ser un mediocre presidente, criticado por las falsas promesas, para convertirse en el “líder” que enfrentó a los republicanos y demócratas, restableciendo las relaciones con Cuba.

No hay dudas que Barak Obama y Raúl Castro, supieron trastocar el amor y el espanto al que aludía Jorge Luis Borges, en oportunidad política.

Hasta la próxima