Se despide Stephen Colbert, el derechista que más hizo reír a la izquierda de EE.UU.
Colbert deja atrás su caricatura de un presentador de noticias ultraconservador y patriota que lo convirtió en uno de los humoristas más influyentes de Estados Unidos.
Érase un presentador de noticias tan conservador que sus comentarios derechistas y ultrapatriotas acabaron siendo humor inteligente con el que se rieron jóvenes y progresistas.
Algo así era Stephen Colbert, un egocéntrico militante republicano que se disputaba con Jon Stewart el trono de la sátira política estadounidense mientras daba “las noticias” en el canal de programas de humor Comedy Central.
La fórmula que le dio tanto éxito en casi una década venía a pasar por dar voz a las más radicales, desafortunadas o poco agudas de las opiniones de algún político o periodista conservador para luego expresar su acuerdo. Eso sí, empujando el argumento hasta que sólo daba risa.
“Mi bisabuelo no cruzó el Atlántico para ver este país tomado por inmigrantes, lo hizo porque mató a un hombre en Irlanda”, decía siempre.
Pero Colbert, el humorista, se despidió este jueves de su personaje al terminar “The Colbert Report” para asumir el próximo año el “Late Show” de CBS, otro de los programas clásicos de humor de la televisión estadounidense, en sustitución del veterano David Letterman.
Colbert se ganó su propio programa hace nueve años, tras ser el más longevo de los colaboradores en “The Daily Show” con Jon Stewart.
Para muchos era el más popular de quienes acompañaban a Stewart gracias a sus reportes como “corresponsal político senior” de tendencias republicanas extremas.
Y en su primer día, como una poco sutil crítica a los medios de EE.UU., dejó establecida su visión de lo que debe ser la información en televisión: “Creo que si usted no está asustado es que no estoy haciendo bien mi trabajo”.
Ese mismo día, inventó una palabra “truthiness”, un juego con “truth” (verdad) que venía a significar “parecer o ser sentido como verdadero aunque no lo sea”. En 2010, entró en el Nuevo Diccionario Americano de Oxford.
En entrevista con The New York Times en 2005, Colbert describió su personaje como “bien intencionado, pobremente informado, idiota de alto estatus”.
Pero le faltó decir que sobre todo es egocéntrico e impertinente.
Según el estudio bianual del Centro Pew sobre actitudes en el consumo de información, un 22% de los hombres entre 18 y 29 años había tenido “The Colbert Report” como su fuente de información de actualidad política en la última semana.
Cada día terminó con una entrevista a un invitado. Por el programa han pasado celebridades, personajes de la cultura, políticos y activistas. La más larga duró casi 24 minutos y fue al expresidente Bill Clinton.
En su penúltima semana, estuvo en Washington con el presidente Barack Obama, quien incluso se hizo cargo de presentar un segmento, normalmente llamado “La palabra” pero en esa ocasión fue “El decreto”.
Eso fue en los días que tuvieron como protagonista su “defensa” a la agencia de inteligencia de Estados Unidos, la CIA, tras el informe sobre sus técnicas de interrogatorio de prisioneros.
También dedicó tiempo por supuesto al anuncio de Obama de normalizar las relaciones con Cuba. “Justo cuando la CIA estaba a punto de terminar con Fidel Castro con la más mortal de las armas: tiempo”, lamentó.
No olvidó el papel del papa Francisco. Antes de llamar a un “embargo” sobre el Vaticano, exclamó: “¡No hay nada que este lunático vaya a hacer cicatrizar con compasión!”.
Y hasta prometió que aunque salga del aire no va a dejar que Obama se salga con la suya y se dispone a viajar a Cuba: “No importa cuántas pristinas playas tenga que visitar, cuántas destilerías de ron deba explorar o cuántos Chevrolet de los años 60 tenga que comprar por US$200, no descansaré… a no ser que sea en una hamaca”.
En 2006, cuando fue el anfitrión del entonces presidente George W. Bush en la cena de la Asociación de Corresponsales de Washington, aprovechó para “sintetizar” algunas de sus opiniones.
Sin olvidar que en su programa le daba a la gente “la verdad, sin el filtro de los argumentos racionales”, muchos de sus chistes respondieron al esquema de lanzar una idea relativamente aceptada por los conservadores, para darle un empujón y que diera risa.
En política, dijo: “Creo que el mejor gobierna es el que menos gobierna”, dijo parafraseando una idea típicamente liberal. “Y por ese estándar, establecimos el mejor de los gobiernos en Irak”, agregó.
Sobre religión: “Aunque soy cristiano, creo que todo el mundo tiene derecho a la religión. Hindúes, judíos o musulmanes”. Pero claro: “Son infinitos los caminos para aceptar a Jesucristo como tu verdadero salvador”.
“Y sobre todo, creo en este presidente”, dijo señalando a Bush antes de proceder a ensañarse con el mandatario al “defender” la poca importancia de su baja popularidad.
Una de las últimas polémicas en las que se vio envuelto surgió cuando fue acusado por un comentario supuestamente racista que apareció en la cuenta “The Colbert Report”.
Colbert se había burlado en el programa de la fundación creada por el dueño de los Redskins, equipo de fútbol americano cuyo nombre es considerado racista por los indígenas del país.
El presentador dijo que por su parte iba a fundar la fundación “Ching-Chong Ding-Dong” para los asiáticos del país.
Lo que después fue puesto en Twitter, fuera de contexto y levantó una ola de indignación que hizo tendencia mundial la etiqueta #CancelColbert.
Al día siguiente, el presentador no eludió el asunto y aprovechó para continuar haciendo chistes.
“Las fuerzas oscuras que están tratando de silenciar mi mensaje de principios ultraconservadores mezclado con productos agradables para los jóvenes han sido frustradas”, dijo.
“Casi perdemos”, agregó. “No voy a dar por garantizado que estaré nunca más”.
Además, insistió: “No soy racista, ni siquiera veo la raza, ni la mía. La gente me dice que soy blanco y les creo porque acabo de dedicar seis minutos a explicar que no soy racista”.
Y sobre Twitter ironizó: “¿Quién iba a pensar que el significado de un mensaje limitado a 140 caracteres jamás podría provocar un malentendido?”.





