Buena y mala crítica

Álex Ramírez-Arballo escribe para contribuir a la formación de gente interesada en los valores de la persona y el diálogo

Es inevitable, si haces algo, si actúas, si propones, tendrás que enfrentar la crítica; es decir, todos tenemos que enfrentarla porque todos hacemos algo, y todos hablamos y construimos. Es, pues, un asunto natural. Y tan ordinario es que uno no se encuentra a salvo de ella ni en la propia casa: quema un poco la comida o incumple una promesa y ya verás.

Yo creo que existen dos tipos de crítica, una buena y una mala: la primera es un tesoro, vale mucho y puede ser tu aliada; la segunda, en cambio, es producto de la profunda iniquidad de algunas personas y debe ser olvidada para que tu vida no sufra menoscabo alguno.

¿Por qué existe la crítica? Bueno, tiene que ver con el juicio que todos hacemos de la realidad, con nuestra capacidad de interpretación del mundo que nos rodea: algunas cosas las aprobamos, otras no, muchas más nos son absolutamente indiferentes. Piensa que las personas, por ser única y diferentes, tenemos objetivos preferencias diferenciadas: “En gustos se rompen géneros”, afirma un dicho muy conocido. Pues por eso. Además, no olvidemos que además de “leer” la vida de un modo diferente, las personas tenemos muy variados objetivos. No todos, por fortuna, queremos las mismas cosas.

Mi recomendación es que escuches lo bueno, que siempre será más, pero mucho más, y te olvides de lo malo. Las críticas positivas, realizadas con sentido y que tienen el fin de señalarte algo que evidentemente tú no estás viendo, deben ser bienvenidas y aquilatadas. Piensa que las personas que las hacen se toman el tiempo de pensar en ti y quieren ayudarte a que tus resultados sean mejores. Me gusta creer que la crítica es un contrapeso moral, una suerte de cable a tierra que impide que perdamos el rumbo, en ese sentido no solamente valiosa sino necesaria.

Piensa en lo que ya has ganado, en las habilidades que has desarrollado y lo mucho que has crecido desde que iniciaste tu proyecto. Para mí que los resultados son la crítica más inapelable, el indicador que te dice exactamente dónde te encuentras, más allá de lo quiera creer o esté dispuesto a aceptar como verdad. Proponte a ti mismo expandir esa zona de confort, apuesta por una “set” de herramientas cada vez más rico y pertinente.

Por último, he visto que las personas que prestan demasiada atención a las críticas suelen ser sumamente obsesivas; parece ser que no pueden liberarse de un pensamiento cíclico y recurrente. Se laceran una y otra vez recordando alguna afrenta, algún comentario imprudente, algún falso testimonio, alguna opinión hiriente. Ante todos estos pensamientos recurrentes no he encontrado mejor remedio que el trabajo. Trabajar produce un estado mental que nos separa del tiempo y el espacio, que emocionalmente nos sana y alienta; nuestras energías y nuestra capacidad de imaginar crecen y se multiplican cuando decidimos poner manos a la obra.

Una persona decidida no se da el lujo de volverse rehén de nadie. Sé libre, aprende, crece y confía en los poderes de la vida.