¿Es posible un mundo distinto?

"Mirando al Sur": blog del periodista Luis Manuel Ortiz que comenta los sucesos de actualidad desde Texas
¿Es posible un mundo distinto?
Nada será mejor si no soñamos con un mundo distinto.
Foto: EFE

Brownsville, Texas.- El año Veinte Catorce resultó ser muy decepcionante. Cuando comenzó entregándonos cosas buenas, o que al menos parecía que así iban a ser, terminó dándonos casi puras decepciones y sinsabores.

No es que me proponga hacer un recuento de hechos; al contrario, trataré de evitarlo, pero sí hay necesidad de repasar algunos sucesos de los anteriores doce meses para poder decir lo que quiero decirles.

Por ejemplo, en Estados Unidos tuvimos una elección que modificó casi por completo el plano político del país reinstalando en la mayoría de los puestos de poder al Partido Republicano y dejando bastante abierto el camino de regreso de ese partido a la Casa Blanca. Y casi al finalizar esta docena de meses nos encontramos con que Barack Obama no está dispuesto a desperdiciar lo que le queda de presidencia y sigue abriendo la caja de las sorpresas. La última fue su decisión de acabar con el aislamiento político y diplomático con que Washington ha mantenido a Cuba y piensa restablecer relaciones diplomáticas con la isla, además de ponerle fin al injusto e inútil embargo comercial con mas de 50 años de duración, aunque eso le produzca un ataque de rabia totalmente ausente de razonamiento y lógica al siempre ruidoso grupo de cubanos exiliados –hijos y nietos de ellos, en realidad- al enterarse. Como era de esperarse, se niegan a que el paso del tiempo coloque las cosas donde deben estar.

Ahora pasemos a México: El regreso del PRI al poder hace dos años nos trajo la evidencia clara de que ese partido nunca cambió, que las derrotas que lo apartaron durante un par de sexenios del plano presidencial en vez de mejorarlo lo volvieron políticamente más perverso. Cuando escribo estas letras me encuentro en México y veo con tristeza muchas evidencias de lo anterior. Me duele por mi país, por mi pueblo, por mis antepasados y por sus muchos valores, desperdiciados y despreciados por la abominable clase política/empresarial que los domina y los explota.

La desaparición –y seguro sacrificio- de 43 estudiantes, que ha creado un justificado período de protestas no sólo en lo nacional sino en lo internacional, es doloroso, sí, pero no es lo único repugnante que le sucede a mi país. Y creo –sin deseo alguno del dolor que inevitablemente va a traer- que México está ante la necesidad de un cambio real, que quizás no está lejos de comenzar.

El año Dos Cero Uno Cuatro nos había ilusionado haciéndonos creer que en el mundo habría una poca más de armonía y buena voluntad. Iluso de mi… Insisto en que no es necesario hacer un recuento y revisar uno a uno los hechos del mundo para darnos cuenta de que el balance es mayoritariamente negativo y que esa ilusión fue un fenomenal engaño: estamos mal y vamos para peor.

Tal como lo hice hace un año, minutos antes de sentarme a escribir esta columna final del año di un repaso a las noticias recientes. Hagan de cuenta que no pasó el tiempo: Lo mismo. Nada diferente, y lo que es peor, nada que nos invite a esperar la mínima mejoría.

Y entonces –perdonen ustedes la falta de optimismo- inevitablemente me hago la pregunta: ¿De qué nos sirve tanta frase bonita, tantos buenos deseos, tantos regalos y tanta oración cada vez que transitamos por la Navidad y damos comienzo a otra nueva docena de meses? ¿De qué sirve si enviadas las frases, entregados los regalos y pronunciadas las oraciones volvemos a lo mismo?

Yo no soy quién para decirles a ustedes cómo actúen. Pero la claridad de los hechos nos dicen que ni ustedes ni yo hemos actuado como deberíamos hacerlo. Y sin duda habrá muchos que me dirán: ¡Hey, quienes están mal son los políticos!, o encontrarán a otros responsables pero no a nosotros mismos. Y es aquí donde conviene que razonamos tantito:

Los políticos no se eligen solos; los elegimos nosotros. Las ideas y las creencias no surgen solas; las formulamos y fortalecemos nosotros, aunque estén equivocadas. ¿No sería posible que en cada uno de nosotros surgiera una nueva idea que nos conduzca a una postura distinta ante la situación del mundo y que a partir de ella venga un nuevo inicio y una nueva forma de ser? No es fácil, por supuesto, ni arrojará resultados rápidos… pero nada será mejor si no soñamos con un mundo distinto. Visto está que el que hemos hecho no es el mejor. Ese es mi mensaje de año nuevo, queridos lectores…

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