¿Por qué mi hijo no crece?

Factores de tipo genético, hormonal y de estilo de vida influyen en el acelerado o lento crecimiento de los niños
Sigue a La Opinión en Facebook
¿Por qué mi hijo no crece?
La falta de crecimiento obedece a múltiples factores.
Foto: Agencia Reforma

La estatura que un niño alcanzará tiene que ver en gran parte con la de sus padres, sin embargo, hay factores hormonales y de estilo de vida que pueden “estirar” esas pulgadas.

Armando Blanco López, endocrinólogo pediatra, con práctica en México, señala que el crecimiento de un niño está determinado por factores genéticos en 50% y el resto por factores hormonales y ambientales.

Mas allá del patrón heredado, dice Blanco, la velocidad de crecimiento se puede entorpecer si el niño enfrenta dificultades como una mala nutrición y se puede acelerar si se mantiene sano y en un ambiente familiar adecuado.

Si los niños tienen una alimentación adecuada pero aún así no están creciendo de acuerdo a su edad, señala Blanco, la razón puede ser alguna enfermedad crónica.

“Aproximadamente el 20% de los niños que presenta talla baja es porque está enfermo. Cualquier enfermedad crónica, desde una parasitosis intestinal hasta una cardiopatía o nefropatía, cualquier alteración grave, afecta la velocidad de crecimiento”, advierte.

El hecho de que un niño no crezca también podría explicarse por alteraciones hormonales causadas por hipotiroidismo, dice el especialista, sin embargo, la producción de hormona de crecimiento también puede verse afectada por alteraciones emocionales.

“Cuando el niño está sometido a alteraciones emocionales aumenta la producción de una hormona que se llama somatostatina, que frena la hormona del crecimiento”, destaca. “Un divorcio que se llevó de una manera difícil o situaciones más graves como abusos o maltrato pueden repercutir en el crecimiento del niño”.

Para favorecer que el crecimiento de los niños sea el adecuado también hace falta que duerman entre 8 y 10 horas diariamente.

“La hormona de crecimiento se libera de acuerdo a un patrón circadiano, es decir, se libera de acuerdo a la luz y a la oscuridad, empieza a liberarse entre una y dos horas después de que el niño se queda dormido y más o menos hasta las 5 de la mañana porque a esa hora se empieza a producir hormonas de alerta que lo están preparando para despertar”, detalla Blanco.

El ejercicio también influye en la liberación de hormona de crecimiento por lo que el especialista recomienda que los niños realicen actividades que aceleren su ritmo cardiaco como correr o andar en bicicleta por lo menos 30 minutos diariamente.

La hormona de crecimiento forma parte del grupo de las llamadas hormonas de estrés. Cuando tenemos estrés físico, como cuando hacemos ejercicio, se libera glucagon, que hace que se mantenga el nivel de azúcar; se libera adrenalina, que hace que no se nos baje la presión arterial y se libera hormona de crecimiento, que es un anabólico que permite que tengamos más masa y más tono muscular”, explica.

El ejercicio que los niños realicen, dice el especialista, debe ser vigilado y aprobado por el pediatra, de modo que no sea demasiado intenso para su edad porque entonces podría tener el efecto contrario.

“En poblaciones en las que tenemos garantizada la alimentación, la limitantes en el crecimiento pueden darse a causa de padecimientos generales, cualquier niño que esté enfermo de algo crónico, del corazón, de asma, cuestiones del riñón, cualquier padecimiento crónico puede generar disminución en el crecimiento”, señala.

Otro gran grupo de causas pueden ser las de tipo hormonal, es decir, que el niño no produzca las hormonas tiroideas o las hormonas del crecimiento.

“Hay un grupo importante de pacientes pediátricos que pueden tener como causa la falla en la hormona de crecimiento o en las niñas hay algo que se llama Síndrome de Turner y en estos casos el tratamiento idóneo es el uso de hormona de crecimiento”, plantea el especialista.

Finalmente están las cuestiones genéticas o cromosómicas que pueden explicar que un niño aún teniendo todo el entorno a su favor no crezca en forma adecuada.

Antillón resalta que cuando un infante no está creciendo lo primero es acudir con el pediatra y en caso de que el problema persista, pedir la opinión del subespecialista.

“Primero se tiene que analizar desde el punto de vista del médico general o el pediatra, checar si es un tema de desnutrición o parásitos, por ejemplo, si eso se resuelve y el niño sigue sin crecer, ya se tiene que entrar en áreas de los subespecialistas como los endocrinólogos pediatras, los nefrólogos, los gastroenterólogos”, detalla.

El hecho de que a un niño le afecte ser el primero de la fila cuando la maestra llama a formarse por estaturas, depende del valor que se le dé a esta característica física en casa, coinciden psicólogas.

Paula Palacios, psicóloga clínica con práctica en México, explica que los niños de baja estatura se vuelven inseguros cuando en casa se destaca el hecho de ser alto como un atributo, pero si los papás lo consideran simplemente una característica más, entonces el niño asumirá su estatura sin problemas.

“Tal vez para el papá es muy importante la estatura por alguna cuestión personal, tal vez quiere que el hijo sea basquetbolista porque él fue bueno para ese deporte y piensa que el niño necesita ser alto para poder ser bueno y entonces vienen los problemas porque el niño percibe su estatura como un defecto”, explica.

Eugenia Vega, psicoanalista de la Clínica de Asistencia a Pacientes de la Sociedad Psicoanalítica de México, considera que los niños suelen tener más problemas con su estatura que las niñas.

“Generalmente si eres mujer ser chaparrita no importa porque se te considera bonita, pero en los hombres la estatura suele relacionarse con fuerza, con salud, casi siempre lo relacionamos con éxito, entonces esas son las ideas que los papás deben eliminar”, recomienda.

Utilizar palabras como “chaparro” o “enano” para referirse a un niño bajito en la familia no es recomendable, dice Vega, porque si el niño ya se siente inseguro por su estatura, escuchar que lo llaman de esa forma puede afectarle, especialmente si en la escuela empiezan a ponerle apodos.

“Tampoco hay que sobreprotegerlos, aunque casi de manera instintiva siempre protegemos más a los más pequeños, es importante tratarlo siendo congruentes con la edad que tiene”, señala.

Y para contrarrestar las posibles burlas en la escuela por ser bajo de estatura, Palacios aconseja hacer énfasis en los talentos y capacidades del niño y enseñarle que la estatura es sólo una característica más como el color del cabello o la complexión.