El caos de los republicanos

Llámele como quiera: caos, desmadre, despelote, revolú, quilombo, follón, pero lo que está claro es que el ascenso republicano al poder no ha sido tan simple como muchos anticipaban y la guerra civil que libra ese partido por su esencia y su futuro es un espectáculo a la vista de todos.

Los republicanos controlan ambas cámaras del Congreso, pero la papa caliente de la inmigración está poniendo a prueba al liderazgo y plasmando las profundas divisiones entre las facciones de ese partido que suponen escollos a sus intentos de recuperar la Casa Blanca en 2016.

Des Moines, Iowa, fue escenario el sábado de la Cumbre de la Libertad o Freedom Summit, un foro convocado por el antiinmigrante congresista republicano de ese estado, Steve King, que reunió a la crema y nata ultraconservadora en un circo donde algunos de los aspirantes a la nominación presidencial republicana con las menores posibilidades de conseguirla se dieron cita para congraciarse con la base más radical que los ayuda en las primarias y asambleas, pero que, una vez obtenida la nominación, no les sirve de mucho para ganar la elección general.

Un grupo de DREAMers confrontó a los aspirantes preguntando si, de ganar la nominación y posteriormente la presidencia, revocarían las acciones ejecutivas migratorias giradas por el presidente Barack Obama. King no desaprovechó la oportunidad para lanzar un mal chiste diciendo que los DREAMers o los “deportables” como él los llama, vienen de “otro planeta”.

Pero al dejar que esa ultraderecha domine el discurso migratorio, los republicanos siguen apostando a no necesitar de otros grupos de votantes, como los latinos, para ganar elecciones generales.

Al menos cinco de los potenciales aspirantes republicanos no acudieron a la cumbre en Iowa, pero eso no quiere decir que no tengan que aclarar sus posturas: ¿apoyan o no una reforma migratoria con vía a la ciudadanía? Si ganaran la nominación y eventualmente la presidencia, ¿revocarían las acciones ejecutivas migratorias de Obama?

Las divisiones no se dan sólo entre los aspirantes a la nominación presidencial republicana. En el Congreso son la orden del día.

El liderazgo republicano en el Senado debe decidir qué hacer con el plan de gastos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) que la Cámara Baja envió con enmiendas que revocan las acciones ejecutivas de Obama. En el Senado hay republicanos que no quieren mezclar los asuntos colocando en aprietos al líder republicano, Mitch McConnell.

En la Cámara Baja, el presidente cameral John Boehner debe decidir si seguirán enviando al Senado proyectos simbólicos que no tienen posibilidad de aprobación al no contar con 60 votos para superar los bloqueos de la minoría.

Esta semana se sometería a votación un proyecto de ley de Mike McCaul, republicano de Texas que preside el Comité cameral de Seguridad Nacional, que se concentra en seguridad fronteriza.

La medida se percibe como un intento del liderazgo de apaciguar a su facción ultraconservadora, pero por ninguna parte dice qué hacer con el gran elefante blanco en medio del salón, del proceso primarista republicano y de la elección 2016: qué hacer con los millones de indocumentados.

Qué desbarajuste.