Mujeres van del campo a la cocina

Campesinas abren un restaurante
Mujeres van del campo a la cocina
Rosa Hernández cosecha higos en Madera.
Foto: Fotos: Eduardo Stanley/ Especial para La Opinión -

Después de trabajar largas horas en los polvorientos campos de higos, Rosa Hernández regresaba agotada a su casa en la ciudad de Madera, California, donde debía atender a sus dos hijos más pequeños. Durante los fines de semana cocinaba a pedido. Lo que más le pedían era mole. Mole oaxaqueño, de la región mixteca. Estas ventas le ayudaban a completar sus bajos y temporales ingresos.

Poco a poco la idea de transformar ese ingreso extra en la fuente principal de la economía familiar se fue haciendo realidad a medida que aumentaron los pedidos de comida y la colaboración con su amiga Silvia Rojas.

“Queríamos preparar comida en la casa, pero decidimos salir al público”, explica Rosa, de 44 años, madre de cuatro hijos y originaria de Santiago Juxtlahuaca, Oaxaca. “Lo importante es mantener el sabor típico de Oaxaca… Hacemos todo lo posible por ofrecer algo original”.

“Nos gusta lo que hacemos y a la gente también le gusta”, dice Silvia, de 39 años, madre de cinco hijos y nacida en San Juan Mixtepec, Oaxaca. “Es mucha responsabilidad pero vamos aprendiendo”.

Y con una pequeña ayuda de los amigos, Rosa y Silvia abrieron su restaurante al que decidieron llamar “Colectivo Sabor a mi Tierra” y que inauguraron el 8 de mayo, 2014, dentro de una popular tienda ubicada en el centro de Madera.

La comida

El menú de “Colectivo Sabor a mi Tierra” es simple y preparado diariamente: pozole, mole, picaditas, tamales, aguas frescas, champurrado… Rosa y Silvia también preparan comida para eventos. Sin embargo, lo más importante de este esfuerzo es el deseo de estas dos mujeres de origen indígena de producir la comida que ellas saben, usando sus recetas familiares y hasta envasando su propio mole.

“En Madera hay mucha gente de Oaxaca y conocen bien esta comida”, dice Rosa, quien también tiene una larga trayectoria como organizadora comunitaria. “Lo más difícil han sido los trámites… No teníamos idea de eso!”.

Pero estas mujeres no quieren detenerse aquí. “Quisiéramos ampliar el negocio, apoyar a otras personas que quieran hacer lo mismo”, comenta Silvia, quien llegó a California hace 17 años. “Hace mucho que soñábamos con algo así, es bonito ver que la gente te apoya”.

Rosa, quien lleva 20 años viviendo en EEUU, sueña con poder cultivar de manera orgánica todo lo necesario para su restaurante Y también con desarrollar actividades culturales oaxaqueñas en Madera

http://www.laopinion.com