Las contradicciones de Jeb Bush

En 1998 Jeb Bush fue elegido por primera vez gobernador de Florida con el respaldo del 60% de los votantes hispanos.

Ahora en el 2015, hay una alta posibilidad de que Bush compita en las elecciones primarias de donde saldrá el candidato republicano para las elecciones presidenciales de 2016.

De ganar la interna partidista, entre las metas del ex gobernador estaría alcanzar un alto porcentaje del voto hispano, similar al que en su momento consiguiera su hermano George. En 2004 llegó al 44%.

Jeb Bush tiene algunas ventajas sobre su hermano. En primer lugar su esposa, Columba, es de nacionalidad mexicana. Su hijo George habla el español con fluidez y goza de la simpatía de la comunidad hispana. Hasta el propio Jeb maneja muy bien nuestro idioma.

El mayor problema de Jeb Bush es que para poder representar a su partido en las elecciones presidenciales debe ganar una primaria en la que es imprescindible agradar al ala más conservadora de su partido. Para ellos, una reforma migratoria sólo sirve si hay deportaciones masivas, concepto que, obviamente, es inaceptable para nuestra comunidad.

Otro gran problema es que de la mañana a la tarde, Jeb Bush pasa de ser un cruzado de las deportaciones masivas a un apóstol de la reforma migratoria integral. Entre el plato fuerte y el postre, ha cambiado de ser un alegre partidario de una vía a la ciudadanía para los inmigrantes no autorizados, a un parco partidario de una legalización sin ciudadanía.

Un día dice que los indocumentados realizan un acto de amor al cruzar la frontera , y al día siguiente señala que violaron la ley y no se los puede premiar.

Jeb Bush señaló recientemente en San Francisco que el 40% de los indocumentados eran personas que entraron al país con una visa y se quedaron una vez que ésta había expirado, por lo cual había que buscar manera de ubicarlos e invitarlos amablemente a que se vayan. Es curioso que esa idea de la auto deportación fue la que alejó a Mitt Romney de los hispanos en el 2012.

El problema de Bush es el de todos los republicanos moderados, necesita ganar una interna en Estados conservadores como Iowa y New Hampshire, en donde las encuestas ahora lo colocan en números muy pobres. Pero también necesita la ayuda del voto hispano para ganar la elección presidencial.

Una vieja anécdota de 1986 cuenta que las primeras palabras pronunciadas por su hijo George fueron agua y jugo. Treinta años después y dependiendo de como juegue sus cartas, las palabras que podría pronunciar su hijo son “ganamos papá”, o “perdimos papá”

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