La impaciencia de Peña Nieto

El presidente mexicano Enrique Peña Nieto no tiene la paciencia ni el tacto que exigen el momento político de su país en relación con la desaparición y matanza de los estudiantes en Ayotzinapa.

El mandatario tiene motivos para estar frustrado. Él deseaba que su gestión sea recordada por la modernización de México y por cambios significativos como la ley del petróleo. Pero la historia dice que los acontecimiento inesperados, y la reacción de los líderes ante ellos, suelen ser los que marcan las presidencias y este parece ser el caso de Peña Nieto.

En un primer momento no se comprendió en Los Pinos la importancia que iba a tener la desaparición de los estudiantes. Varios meses más tarde todavía parece no comprenderlo. Si no, ¿cómo explicar sus mensajes de no quedar atrapado en este crimen y de dejarlo atrás para atender lo importante para el futuro de México?

Hubo una intensa investigación con mas de 90 detenidos y prófugos, además de una narrativa de lo ocurrido en el basurero de Cocula, según testimonios de los detenidos. El Presidente también anuncio cambios en la fuerzas policiales para terminar con las relaciones incestuosas entre autoridades locales, narcotraficantes y policías.

Todo esto está bien. Pero no es suficiente para una sociedad que cree que las confesiones son obtenidas con torturas y desconfía de su sistema político judicial. Peña Nieto no mató a los estudiantes sino fue el sistema que permitió la confluencia de hechos. Peña Nieto es hoy la cabeza de ese sistema desprestigiado, y sus tropiezos en cuestiones como “la casa Blanca” le han traído sus propios problemas de imagen.

Tampoco le ayuda el hecho que todavía haya 42 desaparecidos sin comprobar su muerte. El apuro presidencial refleja una falta de sensibilidad hacia los familiares y la sociedad que hizo suyo su reclamo.

México va a superar Ayotzinapa con los hechos concretos, no con palabras o promesas. La transparencia del proceso judicial y los resultados de los cambios policiales diseñados por Peña Nieto ayudarán a superar esta traumática experiencia.

México necesita un líder que sepa llevar este proceso con paciencia y firmeza, que sepa manejar lo inesperado y mantenga el pulso de la realidad, en vez del apuro de su propia agenda superada por los acontecimientos