Más tropas no es una solución

Más tropas no es una solución

El cruel asesinato del piloto jordano y de los rehenes japoneses a manos del Estado Islámico (Isis) cumple con su propósito de horrorizar, pero por eso no se debe perder la perspectiva real de un conflicto religioso en el Medio Oriente que tiene expresiones terroristas fuera de la región.

La masacre en la revista francesa Charlie Hebdo, las decapitaciones y la presencia de los extremistas sunis en Siria e Irak se están prestando para que surjan voces como la del senador Lindsey Graham y la del gobernador de Wisconsin, Scott Walker, que sugieren el envío de tropas estadounidenses a Siria para combatir a Isis.

Es preocupante que otra vez se esté hablando de enviar soldados estadounidenses con una liviandad irresponsable. Tenemos miles de veteranos de guerra con serios problemas físicos y sicológicos debido a las numerosas misiones (tours) de combate en Irak y Afganistán.

Es cierto que hace 11 años Estados Unidos destapó las tensiones religiosas en Irak con el derrocamiento de Saddam Hussein, pero el éxito de Isis en la región se debe a la persecución del gobierno civil chita en Baghdad contra la minoría suni. Hoy los moderados sunis prefieren vivir en Mosul bajo el extremismo de Isis que con la persecución de los chitas.

Este es un conflicto religioso musulmán que salpica fuera de la región con las aspiraciones expansionistas de ISIS de conquistar el mundo y con el poder de atracción que tiene el conflicto en algunos jóvenes idealistas estadounidenses y europeos.

Esto no se soluciona con bombardeos estadounidenses, pero tampoco enviando miles de tropas. Nos preocupa que tanto Graham como Walker, dos aspirantes potenciales a la nominación presidencial republicana para el 2016, recurran a la estrategia de acusar a Obama de ser débil en política exterior para abrir la puerta a una intervención militar con fines proselitistas.

Esto es irresponsable como política exterior e irrespetuoso hacia nuestros soldados, a quien se dice apreciarlos mucho pero se los sacrifica en misiones imposible.

El reto de Isis requiere cabeza fría, trabajo con los aliados y una solución regional. Lo peor que se puede hacer es simplificar el problema con recetas populistas y electoralistas, sacrificando a soldados en guerras que, por su naturaleza, no pueden ganar