¿Por qué son los ricos más propensos a no vacunar a sus hijos en EE.UU.?

El brote de sarampión inciado en California afecta ya a más de 100 personas. Muchos de los enfermos no estaban inmunizados. Según los expertos, en EE.UU. son los padres con más medios los que tienden a no vacunar a sus hijos.
¿Por qué son los ricos más propensos a no vacunar a sus hijos en EE.UU.?
Vacunación en California

Ya son más de 100 las personas afectadas por el brote de sarampión que se inició a mediados de diciembre en el parque de atracciones de Disneylandia, en California, y cuya gravedad ha hecho que el propio presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pidiera públicamente a los padres que vacunen a sus hijos.

Tom Frieden, director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés), advirtió que la organización que dirige está “muy preocupada” ante la posibilidad de que sigan aumentando los casos de esta enfermedad, que ya han sido detectados en 14 estados y en México, y que se han diagnosticado principalmente en pacientes no vacunados.

“En los últimos años, un pequeño grupo de personas que va en aumento no han sido vacunadas. Ese número se está incrementando entre los jóvenes adultos de nuestra sociedad y eso nos hace vulnerables”, señaló Frieden.

Las cifras avalan al director del CDC, ya que en 2014 en EE.UU. se dieron 644 casos de sarampión, el mayor número en más de dos décadas.

Gracias a las campañas de vacunación iniciadas hace medio siglo, en el año 2000 en EE.UU. se dio por erradicada esta enfermedad, que se caracteriza por la aparición de unas manchas rojas en la piel, fiebre y un debilitamiento general, y que puede dejar secuelas permanentes y hasta causar la muerte.

El incremento de casos en los últimos años, ha venido acompañado de un aumento en el número de padres que deciden no inmunizar a sus hijos por los supuestos efectos adversos para la salud que algunos especialistas atribuyen a las vacunas.

El movimiento “antivacunas” tomó fuerza en EE.UU. especialmente a partir de 1998 cuando se publicó en la revista The Lancet un estudio del doctor británico Andrew Wakefield, en el que se vinculaba a la vacuna tripe vírica -que se administra para la inmunización contra el sarampión, la parotiditis y la rubeola- con el autismo.

Investigaciones médicas posteriores demostraron que las conclusiones de Wakefield -quien acabó perdiendo su licencia para ejercer la medicina- carecían de base científica, aunque el daño ya estaba hecho.

En lugares como California, desde 2007 se ha doblado el número niños que no reciben todas las vacunas pertinentes, haciendo que en algunas escuelas el porcentaje de menores inmunizados sea inferior al nivel de entre el 92% y el 95% necesario para que se dé la conocida como inmunidad de grupo, que proporciona protección a los individuos que no han sido vacunados.

Uno de los datos más sorprendentes es que, en contra de lo que se podría pensar, la proporción de padres que optan por no vacunar a sus hijos en California es más alta en aquellos hogares que tienen un mayor poder adquisitivo, un fenómeno que según expertos consultados por BBC Mundo se da en otras partes de EE.UU.

Así, en el distrito escolar de Capistrano, en el condado de Orange, el porcentaje de niños que no han recibido todas las vacunas preceptivas se sitúa en el 9,5%, mientras que en el de Santa Ana, una comunidad vecina más pobre, esta cifra apenas es del 0,2%.

En algunas escuelas de las zonas más pudientes del sur de California el número de alumnos no vacunados supera el 50%.

Mientras, en Nueva York, según informaban recientemente medios locales, en algunos de los colegios más exclusivos de Manhattan, el porcentaje de alumnos que han recibido todas las vacunas indicadas por los médicos se sitúa por debajo del 80%.

En EE.UU. la vacunación de los niños es obligatoria, aunque todos los estados otorgan exenciones por razones médicas, para los niños con un sistema inmunitario debilitado o que son alérgicos a los componentes de las vacunas.

En 48 estados también se dan exenciones por razones religiosas y en una veintena por razones personales de los progenitores.

Son estas últimas las que más se han incrementado en los últimos años, particularmente en los hogares con más recursos.

“Los mayores niveles de niños que no han sido vacunados los solemos encontrar en las comunidades más ricas en las que se da importancia a llevar un estilo de vida saludable”, explica en conversación con BBC Mundo Nina Shapiro, pediatra y profesora de la escuela de medicina de la Universidad de California en Los Ángeles.

“Esos progenitores que no vacunan a sus hijos creen que están haciendo algo bueno. Es un fenómeno que se da por todo el país, tanto en las comunidades costeras de California, como en Nueva York, Washington o Colorado”.

Shapiro no cree que esos padres quieran causar ningún daño a sus hijos.

“Lo que pasa es que tienen el lujo de poder elegir si quieren vacunarlos. En los hogares acomodados no tienen contacto con esas enfermedades. No saben el miedo que da que tu hijo contraiga sarampión u otra enfermedad potencialmente mortal”, señala la experta.

“En cambio, están influenciados por los medios y los expertos en salud que aseguran que las vacunas pueden ser dañinas. Creo que a muchos padres se les ha dado información equivocada”.

Cynthia Leifer, profesora del departamento de inmunología de la Universidad de Cornell, en Nueva York, cree que una de las razones por las que son menos los padres de hogares con pocos recursos los que son contrarios a las vacunas es que “estos valoran más los cuidados médicos que sus hijos reciben”.

“Los hogares con más dinero se vuelven complacientes y no dan valor a este tipo de procedimientos médicos”.

Leifer considera que muchos padres en EE.UU. que no vacunan a sus hijos se han creído el discurso de los famosos -como la actriz Jenny McCarthy- que han vinculado las vacunas con enfermedades como el autismo

“Es sorprendente que sea la gente más educada, la que se supone debería ser más receptiva a lo que los médicos dicen, la que decide no vacunar a sus hijos”, asegura la profesora de la Universidad Cornell, quien opina que “para estos padres el riesgo aparente de las vacunas es mayor que el beneficio que perciben”.

“Lo malo es que están equivocados. Creo que los padres de hoy de día nunca experimentaron estas enfermedades así que no saben lo que puede pasar”.

Leifer asegura que, aunque cualquier procedimiento médico tiene sus riegos, las vacunas “son seguras y han sido ampliamente estudiadas”.

Barbara Loe Fisher, presidenta y cofundadora del Centro Nacional de Información de Vacunas (NVIC, por sus siglas en inglés), una organización con base en Virginia, no comparte la opinión de Leifer en cuanto a la seguridad de las vacunas y señala que los médicos actualmente “no son capaces de predecir qué daños pueden causar estas en cada individuo”.

“No todos reaccionamos de la misma manera a medicamentos como las vacunas y tenemos que asegurarnos de que minimizamos los riegos para la gente más vulnerable a tener reacciones adversas”, asegura Fisher.

Además, la presidenta del NVIC, que aboga por “el consentimiento informado en la práctica de las vacunaciones”, considera que “es prematuro culpar a los padres que no han inmunizado a sus hijos del actual brote de sarampión y señala que “muchos de los casos” de esta enfermedad que se registraron el año pasado en EE.UU. “se dieron en adultos”.

La opinión de Fisher no es compartida por la comunidad médica estadounidense, ya que según una encuesta hecha pública este lunes en la que han participado 3.000 doctores de todo el país, un 92% de los consultados considera que el brote de sarampión iniciado en Disneylandia es atribuible a los padres que no han vacunado a sus hijos.