Editorial: Autorización con límites para fuerza militar

La derrota de ISIS depende del papel de las naciones sunitas de la región

@LaOpinionLA

ENGLISH VERSION

El uso de la fuerza militar en la política exterior es uno de los aspectos más delicados del poderío estadounidense. Las intervenciones suelen comenzar con misiones loables —y hasta humanitarias— para concluir en desastres impredecibles que perjudican las meta iniciales y desprestigian a Estados Unidos.

La solicitud del presidente Barack Obama al Congreso para que respalde su estrategia contra el Estado Islámico (ISIS) toma en cuenta la experiencia de otras peticiones similares como la de 2001 que permitió la operación en Afganistán y la de 2002 que autorizó la guerra en Irak.

En este caso, Obama dejó de lado la de 2002 y ofrece cambiar la de 2001, aunque esta última autorización es la que utiliza la Casa Blanca para justificar el controversial de uso de drones desde Yemen a Paquistán que cobra más víctimas inocentes que terroristas asesinados.

Lo bueno es que la nueva petición establece un límite de tres años en vez de dejar abierta la posibilidad de intervenciones interminables. Lo malo es que la petición es una guerra contra las “personas o fuerzas asociadas” a ISIS, con una definición tan amplia que convierte al mundo en un campo de batalla.

Nos preocupa mucho que si bien el presidente rechaza la idea de tropas en tierra en su carta al Congreso, esta posibilidad queda abierta en la resolución bajo ciertas circunstancias, con el peligro de un escalamiento.

En el plano interno, este tipo de autorización causa divisiones. Se prestan para debatir el poder constitucional del presidente en una guerra y en lo político sobre el papel de Estados Unidos en el mundo.

Obama, al igual que sus antecesores, no cree estar obligado al consentimiento del Congreso para su estrategia contra ISIS. La petición, según lo explicado, es mostrar al mundo un frente unido nacional —al mismo tiempo que compromete a los republicanos a su plan— ante la amenaza terrorista.

El problema es que hay gente en Washington para la cual cualquier límite impuesto es una muestra de debilidad internacional.

Hay que mantener la perspectiva que Estados Unidos es parte importante de una coalición, pero no determinante para derrotar a ISIS. Ese papel le corresponde a las naciones sunitas de la región que integran la coalición.


Lee también estas editoriales:

No hay que temer a las vacunas

La política de deportar

La reunión Obama-Peña Nieto

La tortura y sus mentiras

Acción ejecutiva limitada e indispensable