El nuevo Astete

Su cartilla, está más cerca del pragmatismo del hombre de internet que de arideces teológicas.

El nuevo Astete
La "doctrina" Francisco consiste en trabajar en vez de chatear en horas laborales.
Foto: EFE

El papa Francisco promulgó lo que podríamos bautizar a sus espaldas el nuevo catecismo de Astete. Su cartilla, contenida en reciente discurso ante los cardenales, está más cerca del pragmatismo del hombre de internet que de arideces teológicas. Francisco, quien decidió meterla gerencia a la Iglesia, es jesuita como el español Gaspar Astete (1537-1601). Todo queda en familia.

Con la venia del Vaticano, dándomelas de exégeta, interpretaré algunos “mandamientos” promulgados por el che Francisco. (Entre paréntesis mi interpretación).

Sentirse imprescindible. (Somos fugaces como el eco, la semana que ya pasó, el periódico de ayer. El papa comparte, sin citarlo, lo que decía Napoleón: el cementerio está lleno de imprescindibles. Como me gusta andar bien acompañado, le pongo jurásico papel carbón a lo que dice el dueto Napoléon-Pacho).

Excesiva laboriosidad. (Adiós al demoledor trabajar, trabajar, trabajar, de nuestros abuelos que tenían prohibida hasta la lúdica. El filósofo y excalde de Bogotá, Antanas Mockus prefiere hablar de trabajar, descansar, trabajar. Mejor el arquitecto brasileño Niemeyer quien abogaba por trabajar, ser correctos, tener amigos).

Alzhéimer espiritual. (El alzhéimer, dicen en la calle, tiene de bueno que uno está haciendo nuevos amigos a cada paso. Francisco la emprende contra los que olvidan el “fervor inicial”. ¿La receta? Vivir en período de prueba).

Chismes y murmuración. (Los hay que se sacan el chicharrón de la boca para inventar chismes o rumores. No sé cuántas eternidades de purgatorio dan los chismes, pero lo cierto es que son la sal y el azúcar de las oficinas. La “doctrina” Francisco consiste en trabajar en vez de chatear en horas laborales. Nos pagan por lo primero, no por lo segundo).

Divinizar a los jefes. (El cardenal Bergoglio arremete contra los lambones. Les duele la nuca de tanto hacer genuflexiones. Conservan el puesto a punta de halagos. Estos genuflexos merecen tres cadenas perpetuas de purgatorio. Muchas veces es gente que despilfarra su tiempo buscando congraciarse con el jefe).

Cara de funeral. (No sé qué pensará san Pedro de un sucesor que se ocupa de la cara de entierro que lucen muchos fieles, todavía no difuntos. Generalmente, uno tiene la cara que puede, no la que quisiera. O la que puede pagarle al cirujano plástico. En el rostro de estos sujetos siempre es lunes. ¡Qué jartera tipos así¡ Papa, duro y a la cabeza con estos fulanos, así el párrafo me suene definitivamente autobiógrafico).

Acumulación. (Creo que este “mandamiento” va contra el honorable gremio de los avaros. Le huyen a los diezmos. Tímidos para el gasto, su única aspiración es convertirse en los más ricos del cementerio. Ahorran hasta en bostezos).

Círculos cerrados. (Asumo que su santidad arremete contra las denominadas roscas. El rosquero no cree en los talentos que tiene, como los llama el Evangelio, sino que vive al fiado, de lo que puedan hacer por él sus protectores. ¡Citicos!).

Gracias, papa Pacho por el nuevo catecismo recibido.