¿Los indignados al poder?

Twitter: @RaulBenoit

Cuando el mundo siente pasos de animal grande irrumpiendo en la política y en algunos puntos del hemisferio llegando al poder a través de elecciones infectadas de populismo, más que reflexionar, debería prepararse para un terremoto social e institucional.

Sin lugar a dudas, la socialización de ciertas naciones conducirá al planeta hacia una nueva Era cuyo pronóstico es reservado.

España tendrá elecciones municipales y generales este año y el surgimiento del partido político denominado “Podemos”, tiene a la derecha preocupadísima y en alerta roja, porque su ideología ultraizquierdista podría estar preparando un mortal golpe a la democracia.

“Podemos” surgió el año pasado, producto de mentes intelectuales, personalidades de la cultura, activistas sociales y políticos y hasta periodistas. Su naturaleza y alimento básico es la indignación popular y por eso los jóvenes son y serán su militancia más aguerrida.

Uno de los ideólogos es Juan Carlos Monedero, profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense. No tengo la intención de desacreditarlo, pero, vale la pena subrayar que él ha sido asesor del chavismo en Venezuela y de otros gobiernos de izquierda como los de Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

El gran líder de Podemos es un joven de 37 años, admirador de Hugo Chávez, llamado Pablo Iglesias Turrión, que en poco tiempo ha ganado gran popularidad. No hay que intranquilizarse por su aspecto físico: aretes en sus orejas, pelo largo y cola de izquierdoso o mamerto, como le dicen en Colombia a los comunistas de antaño y de ideas trasnochadas. Hay que analizar su profunda y sólida ideología marxista que alimenta desde muy joven, pasando por las típicas etapas de un chaval revolucionario hasta adulto anárquico, rebelde, desobediente, radical, activista y militante de movimientos antiglobalizadores y contra capitalistas.

El teórico marxista, filósofo y periodista italiano Antonio Gramsci, es sin lugar a dudas el paradigma histórico y el ejemplo que sigue “Podemos” y por consiguiente Monedero e Iglesias en particular. Gramsci decía “que el Estado es apenas una trinchera avanzada tras la que se asienta la robusta cadena de fortalezas y fortines de la sociedad civil”. Señalaba que las clases opresoras “controlan la producción y la represión y forman un bloque hegemónico que interviene los medios de comunicación, la educación, la religión y la cultura”. No sé por qué se me viene a mi memoria el chavismo.

Los obstinados críticos culpan al comunismo infiltrado en escuelas y universidades, diciendo que han ido trabajando aplicadamente a nivel académico y social por varias décadas. Quizás tengan razón y todo hace parte de un plan internacional para tomarse el poder a través de la democracia, en diversos países geopolíticamente estratégicos.

Yo culpo a los dirigentes tradicionales, también anquilosados como los de la izquierda, que no se preocuparon por la gente y sus necesidades. Responsabilizo a los ricos egoístas y codiciosos que les importa un bledo el pueblo y miraron con indiferencia la inconformidad e indignación cuando la gente salió a las calles a protestar en varios países, exigiendo respeto y justicia